Es probable que nada aterre tanto como el morir prosaico llamado fallecimiento, que al vértigo metafísico de cesar o mutar añade achaques casi siempre dolorosos, e incluso humillantes. Sin embargo, sólo los avestruces prefieren hundir la cabeza en tierra cuando presienten el peligro, y si le echamos coraje al tema nos enteraremos de muchas cosas pertinentes, tanto para nosotros mismos como para nuestros seres queridos.