Un Día del Padre muy hegeliano

Un Día del Padre muy hegeliano

Por Francisco Bernal

No son pocas las ocasiones en las que hemos escuchado a Antonio Escohotado recordar con cariño y admiración la figura de su padre, Román, periodista. Por algo el último volumen de la que, según sus propias palabras, fue la obra de su vida, Los Enemigos del Comercio, va dedicado a él y a Dolores Espinosa, su madre. Como hijo único de numerosa prole (foto principal), Antonio ha transformado todo el mimo recibido en amor por el estudio y compromiso familiar, dos reinos que convergen en el proyecto de su hijo Jorge -y los que hacemos La Emboscadura-, decidido a cargar sobre sus espaldas la responsabilidad de su legado. Con motivo del Día del Padre, es pertinente honrar al Viejo deteniéndonos en el ánimo fraternal que impregna La Emboscadura, presente en cada una de sus acciones. Muchas personas que agradecen la labor de esta iniciativa editorial han resaltado precisamente lo que tiene de especial que un hijo continúe la tarea de su padre, preguntándonos si conocemos algún otro caso similar. La sorpresa no podía ser otra ni mayor: lo primero que nos sale al encuentro es el caso de Hegel y su hijo Karl.

Las resonancias mórficas de ambas relaciones entre padre e hijo aparecen aquí y allá revelando toda su fractalidad. Porque sabemos que fue Karl quien compiló la primera versión canónica de Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, obra que cita Escota como máximo referente en su entrevista con Pablo Iglesias, en la Tuerka. Es, con diferencia, la obra más accesible de Hegel, y aquella que expone con mayor profundidad y claridad su concepto nuclear de las edades del Espíritu, “ese yo que es un nosotros”. En origen, Hegel no dejó más que un manuscrito lleno de lagunas, vertiendo el resto del contenido en sus lecciones como profesor en la universidad de Berlín.

Gracias a la pasión que despertaba en sus alumnos, el texto que conocemos hoy se nutre de las veloces transcripciones tomadas por los oyentes. Así como muchos afirman haber comprendido el pensamiento de Escohotado a raíz de sus exposiciones en conferencias y entrevistas de su canal de YouTube, se recuerda que Hegel no daba realmente forma plena a su pensamiento sino en la improvisación oral. Si bien la versión final de las Lecciones corrió a cargo de G. Lasson, que perfeccionó las anteriores, debemos a Karl Hegel la valentía de tomarse las licencias oportunas para convertir las desperdigadas lecciones en un libro, superando el primer intento editorial de Eduard Cans, amigo del filósofo. Karl no vaciló entonces en reformular el material original y hacer efectiva la compilación, sabiéndose el alumno más aventajado y fiel al pensamiento de su padre. Publicada esta versión en 1940, lo más curioso del caso es que propio Hegel, fallecido en 1931, jamás leyese la que probablemente sea su obra capital, las ya mencionadas Lecciones sobre la filosofía de la historia universal.

Al investigar más a fondo, el asombro reaparece detalle a detalle, dibujando ese espíritu del que La Emboscadura es también manifestación. Que Albert Hofmann (descubridor de la LSD 25) considerase a Escota “su hijo espiritual” es otro ejemplo ilustrativo de esa evolución de la autoconciencia que proyecta al infinito los límites de la finitud. El reconocimiento del químico al encontrar un continuador de espíritu afín, es reflejo de la confianza que Antonio deposita en su hijo Antonio Jorge (poca gente conoce que en el nombre completo de su vástago está también el de su progenitor por petición expresa de este) para cuidar de su cuerpo de trabajo, de construcción férrea pero delicado manejo. Resuenan también estos ecos en el sentimiento experimentado por Hegel al ver a su hijo asistir a sus conferencias sobre el progreso de la historia universal, un placer particular que fortalecía con orgullo y alegría las ganas de trabajar del profesor, sensación que también debió experimentar el propio Escohotado al divisar posicionado en primera fila a su tercer hijo durante las decenas de conferencias impartidas a lo largo de su último lustro de vida.

La incorporación de Karl al alumnado supuso que Hegel preparase a conciencia sus próximas conferencias, haciéndole valedor de convertir el abstruso lenguaje del filósofo en unas Lecciones capaces de mostrar su dimensión menos oscura y más amena. Otro paralelismo con la situación de Escohotado, quien en sus últimos años afirmaba sentirse en su mejor momento en cuanto a capacidad de trabajo, y que encuentra en el tweet un formato de síntesis capaz de tender puentes hacia los extensísimos desarrollos que plantean sus libros. Desde que Jorge se erigió como báculo de su ancianidad –tal y como reconoce el Viejo en la dedicatoria de la última versión de 60 semanas en el trópico publicada por La Emboscadura-, Escota estuvo más presente que nunca en medios, conferencias y redes sociales, en constante contacto con una comunidad online que no ha dejado de crecer (y que hoy roza los 150K seguidores).

Karl Hegel nació el mismo año en que se publicó el segundo volumen de la Ciencia de la Lógica (1813), y su padre murió justo al alcanzar él la mayoría de edad. El caso de Jorge se diría que aquí es más bien a la inversa: entró en escena a raíz de la edición del tercer volumen de Los Enemigos del Comercio, y solo vivió un año junto a su padre antes de cumplir los dieciocho. Eso le convierte en el hijo de Escohotado al que menos ha educado en la edad en que los hijos dependen de los padres, sin oportunidad de compartir momentos de infancia como aquel en el que Hegel llevó a Karl y a su hermano a ver a un elefante y unos rinocerontes. A esto Jorge ha respondido con un esfuerzo sostenido durante quince años de estrecha relación filial, basada en no pedir nunca sin dar antes, y en jamás recibir con ingratitud.

Esas ganas de recuperar el tiempo perdido, que Antonio mostraba en su día llevando a su hijo de leñas, las mantuvo hasta sus últimos días animando a su hijo a escribir: “hijote, es una lástima que la buena pluma que hay en tus genes no la mimes como es debido”. Más inclinado al ánimo de aquellos caravaneros que desempolvaban las ruedas del comercio tras la Edad Media para volver a hacerlas girar, Jorge prefiere consolidar la simbiosis entre ambos antes de lanzarse a escribir: “yo soy más de acción querido Escota, tú hiciste la teoría y ahora me toca a mí ponerla en práctica.” Karl se las arregló para labrarse una brillante carrera como escrito senta otra forma de cortés rebeldía frente a un padre que se ha demostrado capaz de poner en acto su potencia.

La particular rebeldía de Jorge para iluminar la freudiana sombra de un padre es una actitud de emprendimiento schumpeteriano. Todos estos años de activo emprendedurismo cristalizan primero en Memoralia, y después en La Emboscadura, resultado ambas de amalgamar la esfera familiar con la profesional, dos esferas que el filósofo alemán siempre mantuvo nítidamente separadas, siendo solo reunidas por su hijo. “Todos los días se me presenta Karl para llevarme a comer”, escribía Hegel en una carta a su hermana Christiane, igual que veíamos al Viejo acompañado por Jorge en cada conferencia y cada plató televisivo. Tampoco deja de ser sorprendente que filósofo español fundase una empresa llamada Amnesia, y que su hijo le correspondiese cuatro décadas después con otra, en este caso editorial, denominada Memoralia. Aunque, como decía Jorge Luis Borges, la memoria y el olvido son la cara y la cruz de una misma moneda.

Suponiendo el descubrimiento intelectual de mayor impacto en la vida de Antonio Escohotado, no es de extrañar que Hegel guarde con él coloridas similitudes. Por ejemplo, que una de las mayores pasiones de Georg Wilhelm Friederich fuese también el ajedrez, que practicaba con sus hijos, o que el mote que le pusieron sus colegas universitarios en Tubinga fuese precisamente “el Vejete”. Ambos han construido una vida en torno al estudio, emboscándose uno en la serranía de Madrid y el otro en Kreuzberg -en lo que la familia llamaba “pequeño palacio”-, alejados de la ciudad. Lugares con jardín, para recibir con generosidad y humor a estudiantes o entrevistadores, en un creciente flujo de visitas paralelo a un aumento de popularidad. En el caso de Escohotado, era Jorge quien gestionaba las frecuentes peticiones de los lectores, fuesen solicitudes de cita, recomendaciones de libros o preguntas sobre tal o cual materia, arremolinamiento que Hegel también recibía con gratitud y equilibraba con su tiempo propio. Revolucionarios en su juventud y reconvertidos en su madurez en defensores del Estado como ente impersonal vertebrador de nuestras libertades, los dos pensadores también comparten la capacidad mantener el desconcierto de sus seguidores.

Como educadores, los patriarcas Antonio y Georg –tocayo de Jorge, por cierto- también parecen haber transmitido sus valores esenciales a su prole con pareja rectitud. Karl y su hermano Immanuel llevaron grabada en su memoria aquella reprimenda por robar un tálero que encontraron y gastaron, seriedad que replica Escota cuando detecta en sus hijos un desfase entre libertad y responsabilidad. La ternura consustancial la podemos ver en su amor por la cosa concreta, demostrado en cómo ambos viejos han dedicado su vida a pulir un entendimiento de naturaleza optimista.

Aunque Hegel vivió sus últimos meses temeroso de que el mundo fuese a derrumbarse, nunca perdió eso que comparte con Escohotado: la confianza como ánimo objetivo y la ecuanimidad como norte. La atenta mirada de Karl lo puso en palabras: “[en los últimos sucesos] mi padre veía con terror una catástrofe que parecía amenazar los fundamentos más seguros del Estado racional. Pero, a diferencia de Niebuhr [un historiador], no pensaba que eso nos llevaría al despotismo y la barbarie.”

Jorge también escudriña a Escota con ese tipo de atención, propia de un hijo que quiere agradecer con trabajo lo aprendido a través de unos lazos tan estrechos. Por eso capta aquello que a Escota se le escapa, aunque a veces tuviese que recordarle que en algún momento dijo cosas como: “hijote, reconozco que he tardado mucho tiempo en darme cuenta de que la familia es lo más importante”. Quizá Jorge se diese cuenta mucho antes, y es por eso capaz de equilibrar las típicas discusiones escohotadianas enfrentando con corazón los trabajados argumentos de su viejo.

Con ese corazón -y el del resto de su familia- felicita hoy el día a su padre ausente, a quien debemos la elocuencia de traducir sustancia por gratitud y gratitud por sustancia. Eso sí, también guardaba un as bajo la manga en caso de que el Viejo se pusiese demasiado cascarrabias; como el que le espetó una vez delante de quien estas líneas escribe: “Es una pena que no vayas a poder leer tu mejor libro, el cual me encargaré de compilar yo, y el cual te hará universal”. Si Hegel sigue calando hoy pese a tardar diez años en agotar la primera tirada de quinientos ejemplares la Fenomenología del Espíritu, quién sabe qué aguarda el devenir para el legado de Escohotado.

Como socio primigenio y maño ontológico, añado mis gracias personales a Jorge Escohotado, quien me ha otorgado dichos títulos. Felicidades por ser no solo un gran hijo sino también un padrazo. La Emboscadura es una criatura afortunada, disponiendo de unos padres que están a la altura de sus predecesores.

Padre e hijo, semanas antes del fallecimiento del pensador español.

 

 

(Artículo escrito hace tres años por Francisco Bernal Fernández, emboscado fundamental en los comienzos de La Emboscadura, y maño ontológico. Este artículo ha reposado en la nevera desde entonces a la espera de que se produjese el tránsito del maestro al más allá y el subsiguiente Día del Padre).

Francisco Bernal (izda) flanqueando al maestro junto a su primo Diego.

4 Comentarios
  • Dora Cersso
    Publicado 22:55h, 19 marzo Responder

    Antonio Escohotado un genio, que tuve el placer de conocer a través de las redes y siento falta cada día que pasa de su genialidad. Jorge continua a difundir el pensamiento de tu padre. DC desde Brasil.

  • Susana
    Publicado 23:55h, 19 marzo Responder

    Escohota, cuanto se te echa de menos!

  • Elías Torrealba
    Publicado 03:39h, 23 marzo Responder

    Escohotado..todo un Ídolo!!

  • Elías Torrealba
    Publicado 03:40h, 23 marzo Responder

    Escohotado..todo un Ídolo!! Una Estrella de Rock..

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