(Al leer la entrevista de Jesús Úbeda publicada esta semana en la revista digital de libros Zenda, fundada por Arturo Pérez Reverte, quedé desazonado por lo digresivo de mis respuestas, y por la confusión de franqueza con licencias simplistas (por ejemplo, volviendo a la bandera roja en tiempos de Franco, como si no hubiese llovido tanto, y en tantas direcciones), y a pesar de estar terminando un día pésimo -porque seguía sin poder concentrarme en un epílogo- saqué fuerzas de flaqueza para reescribir buena parte de mis respuestas. Sin embargo, Jesús se hallaba en una pedanía tan mal comunicada con la Red, que al parecer no recibió siquiera mención al fichero adjunto. Comprobando que el titular provoca justificadas dudas sobre mi solvencia neural, y ya era hora, quizá las páginas reescritas no aburran demasiado al curioso. Por último, quede claro que eran energúmenos de derechas los uniformados del clero y el ejército en los años 50 y 60. He intentado describir con algunos pormenores cómo desaparecieron).

“Soy un paradigma del hombre de izquierdas”

P: Pedro Sánchez no ha sacado adelante su investidura. ¿Qué le parece?

R: No lo sabía. ¿La primera?

 

P: La segunda. La primera votación fue el martes. ¿Cómo ve esto?

R: Me parece que Sánchez pudiera ser una copia de Zapatero, el gobernante más nefasto desde Fernando VII y, probablemente, desde Felipe II. Sin embargo, Rivera no se centra en disolver el grumo llamado “ultra-extrema-derecha”, aclarando que derecha fue lo de Gil Robles, y en Europa todo ese voto se convirtió en centro desde finales de los años 40, cuando el Plan Marshall y el Puente Aéreo de Berlín reconciliaron a Occidente, y en buena parte de quienes sostenemos gustosamente los seguros sociales. Ningún grupúsculo de cabezas rapadas permite hablar de nazis y fascistas, que desaparecieron tras la SGM. En Mayo de 1968 los tontainas que seguíamos viendo la Revolución como algo inexcusable no tuvimos más remedio que reconocer que la clase trabajadora llevaba décadas votando democracia liberal, y los más obtusos lo llamaron traición a sus intereses objetivos, como si no demostrase más bien el disparate de Marx pretendiendo otra cosa.

P: En la izquierda se dice mucho que “no hay nada más tonto que un obrero de derechas”.

R: El más falaz y tonto fue Marx, aunque pensé todo lo contrario hasta dedicarle dos años full time, leyéndomelo de arriba abajo. Su gran éxito fue seducir a alguien inteligente y tan prodigiosamente generoso como Engels, que le dio la idea principal, le escribió todo (porque Marx nunca aprendió caligrafía), firmó pagarés que le hubiesen llevado a la cárcel caso de protestarse, para sufragar la indolencia laboral de su amigo y, encima, se hartó de decir que él era nadie y todo lo había descubierto su amigo, cuyo ingenio nunca pasó de invectivas a lo Aristófanes o Quevedo. Como luego almacenaba tanta rabia no tardó en encontrar la opción violenta por excelencia: que los últimos serán los primeros. Pero ¿qué acabó pasando en la investidura?

 

P: Iglesias ha pedido a Sánchez la gestión de las políticas activas de empleo. La portavoz socialista le ha dejado KO cuando, ante todo el hemiciclo, le ha dicho que son de competencia autonómica.

R: Iglesias no sabe derecho. Está bien informado de Foucault, Derrida y Althusser, por ejemplo, y de la historia intelectual desde Babeuf, aunque eso no enjugue el tiempo perdido con los tres primeros, que desde muy pequeños deseaban  enseñar, cuando leer cosa distinta de sus diarios y notas les ponía nerviosos o soñolientos, impidiéndoles pasar de unas pocas páginas o párrafos en cada libro. Esto se diría maledicencia de baja estofa, pero fueron ellos mismos quienes matizaron en escritos póstumos su horror a cualquier examen, y la necesidad de escribir sobre aquello que venían de abandonar por sopor o estrés, retorciendo el tema hasta que ser solo supuestamente conocido fuese lo de menos. Me temo que la posmodernidad traída con estos docentes lleva medio siglo de cuento, pagado con pasar al segundo plano las fuentes seminales y las obras de referencia en cada materia, mientras Podemos sigue creyendo que la clase obrera se traicionó, cuán útil es como faro el rencor de clase, etcétera… Pero desde 1917 ¿no ejecutan o internan en campos de concentración los leninistas o bolcheviques, esperando acelerar la transformación del 98% del censo en el 2%, que es la ratio vigente entre proletarios y el resto? En los noventa ¿quién quiere creerse que ese comunismo vino a acabar con la pobreza, cuando lo subordinó todo a purificar la tierra de clases medias, aristocracia y campesinos “acaparadores”? Como Hitler queriendo acabar con los no arios. O sea, son métodos eugenésicos y, en definitiva, genocidios, que quizás comenzaron con el imperialismo preconizado por los fabianos, es decir, Bernard Shaw, los Webb, H. G. Wells… Si los obreros ya no son comunistas, ¿quiénes lo son? Pues los de siempre: algunos universitarios y el aspirante a revolucionario profesional, que nunca dio palo al agua, ni soñó en ganarse proletariamente el pan. Piensa en Fidel, Mao, Trotsky, Lenin

 

P: En una palabra: señoritos.

R: Pero llega el 68, un año tan feraz en revoluciones como 1848, y resulta que de todas las emprendidas la única duradera fue dejar de perseguir inclinaciones sexuales. Esa es la única revolución pacífica que ha triunfado, y la está disfrutando todo el mundo donde no impera el totalitarismo. Pero los últimos no eran los primeros, y vino la mayor ola terrorista de los anales, que brotó con la OLP, el IRA, ETA, Brigadas Rojas, la Fracción del Ejército Rojo y culminó en Iberoamérica con Sendero Luminoso y sus adláteres.

 

P: En este libro, dice que en Ibiza encontró ecos de eso.

R: Pero las olas son temporales por definición, en contraste con cosas como lo políticamente correcto, que parecía simple civismo al emerger Obama y tiene hoy como epítome al papa Francisco. Lo políticamente correcto es marxismo contrariado, a mi juicio, y como progresar mediante lucha de clases anda en horas bajas, trata de soliviantar a mujeres, adolescentes, inmigrantes…

 

P: Si Barbijaputa leyera a Marx diciendo que la cualidad que más valora en una mujer es “la debilidad”, lo tomaría por secretario general de Vox.

R: (Risas) Eso dijo Marx, en efecto, pero Vox no es un partido de ultra-extrema-derecha-fascista-nazi, sino la rama menos maquillada del PP, conservadora sin recurso a paños calientes. Más problema para crecer le plantea su toque localista y nostálgico en un mundo globalizado.

 

P: En algún medio o en Twitter, aunque, para fiarse, he leído que usted simpatiza con ellos. Con toda humildad, creo que no hay nadie más distinto a Iván Espinosa de los Monteros que usted.

R: ¡Jamás demostré simpatía alguna! ¿Hasta cuándo transigiremos con la memez de que no estar con unos es abrazar a otros? Resulta que en vez de conservador soy de izquierdas, paradigma de los que viven y dejan vivir, y centran la política en erradicar la pobreza.

 

P: Me acaba de dar el titular (risas).

R: Para prosperar no tengo la solución de Castro, de Pol Pot o Mao, que es aterrar a todo cristo y matar a quien toque, imponiendo a la larga la desnutrición y el desabastecimiento sistemático en el que se estancan todos esos regímenes. No cuidan siquiera la moneda, aunque dependan de ella para importar, y no estudian el estado de cosas. La técnica ha triunfado sobre lo que llamábamos teoría porque abunda en trabajo entusiasta, cuando la naturaleza se abre al que de buena fe se ponga a investigarla. Pero ni buena fe ni pesquisa: dogmatismo analfabeto o amnésico. Unos quieren encontrar algo que desconocen, otros confirmar lo ya sabido, albergando criterios tan cutáneos o viscerales que si otro no se los cree por fuerza, ellos tampoco. Pasa con las drogas también, donde ningún texto legal reguló su empleo durante tres milenios, y con las convicciones. ¿Acaso en está vigente la pena de muerte para el apóstata islámico, y no lo estuvo para el hereje cristiano? ¿No ejecutaban por revisionista a quien cambiara una coma del marxismo-leninismo? Me dicen que cambié de chaqueta, cuando no he dejado de ver en los carcas energúmenos incultos y autoritarios, aunque aprendí también algo sobre los falsos medios para salir adelante. Tu generación muy bien puede echar de menos mi pensión, por ejemplo, pero mi generación mantuvo una tasa de trabajo y un empleo del tiempo menos centrado en generar likes. ¡Por Dios, quien tiene un móvil lleva puesta la inteligencia universal! Si no acaba usándolo para saber ese prodigio dejará de hacerse, como mil otras cosas descubiertas para abrir la conciencia, porque la confianza ha llegado a ser absolutamente todo para sostener el endeudamiento general. Podría volver la miseria, aunque empezar destruyendo “todas las instituciones” –lema del Manifiesto de 1848-  perdió gran parte de su prestigio, y la realimentación de Podemos con el eje Teherán-Caracas sobrevive como el nihilismo a principios del siglo pasado, con votantes y fondos en retroceso.

 

P: ¿Empezamos a hablar de su libro?

R: Perdóname la pesadez de cerrar la digresión donde me metí. Coincido plenamente con Podemos en que el servicio público se ha desvirtuado, y no es utópico acometer una regeneración moral porque basta cambiar algunos artículos -de hecho unos pocos del ordenamiento en vigor. Pero esa formación ni siquiera reparó en que los países comunistas terminaron refundando dinastías, ni que Marx confundió clase con estamento, por mala fe o por ceguera. Y llegamos a personas como Iglesias, legítimamente indignado de que la clase política –algo desconocido en Suiza o Escandinavia- tenga encima la desvergüenza de convertirse en casta. Pero quien quiere impedirlo ¿no deberá estudiar a lo bestia derecho administrativo, economía e historia? ¿Acaso es el centro de sus desvelos? Y si quiere un Ministerio ¿cómo le vas a dar Economía si no dice más que despropósitos, desinformado hasta de la diferencia entre tasa de beneficio y tipos de interés? ¿Cómo darle Trabajo si no pisó un banco de taller? ¿Cómo Justicia o Administraciones Públicas si ignora el derecho administrativo? Yo le daría Sanidad, porque a lo mejor tiene los arrestos de hacer algo en materia de drogas y eutanasia. No se convocan referéndums sobre ello porque si le dejan a Savater y a dos o tres más hablar los ganamos de calle.

 

P: Y al final, ¿qué es lo que pasa con Rivera?

R: Parece olvidársele que lo fundamental es disolver el grumo llamado “ultra-extrema-derecha”. Abascal, Casado y él son de carne y hueso, cuando esa etiqueta es gaseosa como los fantasmas, aunque la extrema-ultra-izquierda sí sobrevive, y se derrumbaría sin una contrapartida espectral. Es difícil explicarlo, viendo lo que ha pasado con Castro, Maduro, Ortega o Kim lo que sea, pero encima el altermundismo tiene buena salud, porque nada responde a todo con mayor simpleza.

 

P: ¿Quiere que hablemos ya de su libro?

R: ¡Ahora sí! (Risas)

 

P: ¿Qué buscaba y qué encontró en Ibiza?

R: Buscaba la aventura y servir a la Fraternidad del Amor Eterno, un pequeño grupo dispuesto a no consentir que cesara el abastecimiento de LSD. Fueron cuatro gatos, pero financiándose con hash afgano y maría llegaron a hacer ¡unos 1.100 millones de dosis! Puras y casi regaladas, fueron suficientes para Woodstock, Wight y un cambio de mentalidad que ya quisieran muchas Iglesias.

 

P: En Mi Ibiza privada, cuenta que sabía que la de Ibiza era “una aventura temporal, nunca la definitiva”. ¿Por qué?

R: Lo sabíamos todos, y era lo que nos distinguía de cualquier secta, siempre un compromiso de por vida donde no se discute lo infalible del jefe, y gran parte de los estatutos son secretos. ¿Te acuerdas de que la secta bolchevique osó promulgar leyes secretas, como las que crearon el sistema gulag? No ser sectarios nos abrió el estado de ánimo guay, mientras los otros se mantenían aferrados al gregarismo conservador o a la vacía revolución proletaria, cuando solo sembraba destrucción y miseria. Éramos tan de izquierdas como Camus o Koestler, obligados por lo mismo a no cerrar nunca nuestras cuentas con la realidad, abiertos a cualquier cambio no dogmático o contraproducente. Ser de izquierdas es ser liberal, por decirlo más rápido y sencillo, pero liberal de verdad, no ricachos que se las dan de tales pensando no pagar los mismos impuestos que el resto.

 

P: Frente a la “represión sexual llegada con Franco, la parte más cruel, necia y triunfante de su égida”, ustedes apostaban por el make love, not war.

R: Y al hacerlo nos convertimos en un foco magnético, de atención, no sólo para los ibicencos sino para el mundo entero. Los isleños pasaban ocasionalmente hambre, una alta proporción debía emigrar, y ahora nacen en el sitio más próspero del mundo, aprovechando que estuvimos nosotros. ¿Y quiénes fuimos nosotros? Un grupo de personas que, temporalmente, decidió hacer el amor en vez de la guerra.

 

P: ¿Cómo se echa un polvo en un olivo milenario puesto de ácido?

R: (Risas) El olivo España, al que algunos le atribuyen 3.000 años, es tan enorme que en su centro, a unos dos metros de altura, tiene una zona muy plana. Te subes con un par de mantas y almohadas, y la pones comodísima, en el centro de un árbol al que le salen ramas milenarias, y allí habré pernotado un par de noches, pensando en que pudo verlo Aníbal ya crecidito.

 

P: Volviendo a Ibiza: en el libro narra la fundación de Amnesia, un discotecón que siempre figura entre las más importantes del mundo. Pocas páginas después, dice al respecto: “Me pregunté hasta qué punto había contribuido a consolidar algo tan infernal para mí, y tan atractivo para muchos más”.

R: (Risas) Sí, tiene gracia. Parte de los jóvenes que leen mis libros o ven las entrevistas en YouTube disfrutan de la disco donde pagaría por no entrar.

 

P: Un informe policial recogido en Mi Ibiza privada le describe como “criminal frío y calculador”.

R: ¡Qué halago! Efectivamente, me estuvieron vigilando cinco años, y que no me pillasen en ningún renuncio tampoco estuvomal.

 

P: Usted, en cambio, dice de sí mismo: “Era un memo ingenuo, incompetente para navegar la libertad”. ¿Cómo acabó en el trullo?

R: Si ahora intento resumirlo va a quedar fatal, y en el librito se cuenta con detalle. Imagina que llega un amigo al que no ves hace tiempo con dos tíos que parecen gánsteres pero son policías; y minutos después otro que es socio de la mafia corso-marsellesa, que quedan en hacer negocio al día siguiente –mientras tú vengas “de garantía”- y te das cuenta de que todos saben dónde vives tan aislado, con dos niños pequeños y una niña recién nacida…

 

P: Aunque relata sin tristeza este episodio de su vida, sí que encontramos un lamento muy amargo: “Y los míos se quedaban indefensos”.

R: Nunca negué que si estaba a disposición de la Fraternidad del Amor Eterno movería o bien hachís del excepcional o bien LSD, pero nunca me acusaron de ello, por falta de pruebas. De ahí lo de “frío y calculador”, porque usaba guantes de goma para evitar huellas y siempre aprovechaba las noches más oscuras para acceder a depósitos bastante lejanos. Los policías apostados se aburrían como enanos usando aparatos que necesitaban grabar en caro celuloide, y no podían dejar en “on” indefinidamente. Eso no cambia, sin embargo, que tres años después –desconectado de precauciones- me comportara como un memo en términos crecientes, aunque fuese algo diabólica la trama.

 

P: ¿Qué aprendió en la cárcel?

R: Que como básicamente la componen no-propietarios, nada previene tanto como pasar de alquileres a hipotecas. También descubrí que la raza caló es un porcentaje altísimo, y que cuando preguntas nadie –de verdad nadie- sabe por qué está allí. La cárcel de mujeres estaba pegada y, en verano, con las ventanas abiertas, algunas nos provocaban al onanismo. Jamás he oído groserías remotamente parecidas.

 

P: Un ejemplo, por favor.

R: ¡Me niego! Con la familia ya segura, y mi puerta blindada, era hora de evitar que me abortaran del cuerpo social, y eso pasaba por hacer una historia de las drogas bien documentada, sin los embustes, vaguedades y lagunas al uso. Así recobraría el estatus de un profesor competente, como pensé casi desde los comienzos del embrollo. El único momento de desesperación fue al poco de ser detenido, cuando un bando me ofrecía ser arrepentido profesional y el otro una posición próxima al jefe de zona, que tenía su yate con dos mástiles en el puerto. Ambos pensaban que conocer como quien dice a todo el mundo, ser políglota y haber dirigido a la “mafia hippie” (otra sandez sin fundamento) eran activos relevantes.

 

P: ¿Un hombre puede ser o, al menos, sentirse libre en chirona?

R: Me sentí eufórico todo el año de cárcel, y sin el más mínimo apoyo químico. Me van los desafíos, y de joven fui hasta un pelín pendenciero, aunque perdiese casi todas las peleas. Pero aquí el adversario no era un boxeador más apto sino la ignorancia, me lo jugaba todo a no perder un minuto, y quizá no lo perdí. Don Vicente, director de la cárcel, se felicitó por “la espectacular reinserción lograda”, y debo reconocer que nadie me trataría luego como persona estigmatizada. Quien se levanta después caer nos resulta igual o mejor que el derribado, y veo un notable progreso en ello.

 

P: Y, nada más salir libre, directo a un puticlub de Perales de Tajuña.

R: (Risas) Con algunas pastis de éxtasis no fue difícil que las niñas empezaran regalar copas, y tras apenas un roce seguí hacia Madrid. El dueño del puticlub habló al parecer con la Guardia Civil del extraño evento, pero no fui traicionado y sigo libre.

 

P: ¿Qué me puede contar sobre Hitos del sentido?

R: Ahí lo tengo anillado, y trato de terminar el epílogo, acosado por entrevistas y hasta por el oftalmólogo, porque la segunda catarata tarda en arreglarse. Me gusta publicar dos libros tan distintos, sumido como ando en una avanzada evaporación muscular, porque siguen llenando el tiempo con empeños dignos, y volver por enésima vez a la Grecia arcaica y clásica me ayuda a comprobar que no poco criterios persisten 2.500 años, entre ellos una divergencia entre realismo e idealismo rara vez tomada en serio, porque personas que aman justificadamente la fantasía y la imaginación no reparan al tiempo que la realidad es inimitable en imaginación y fantasía.

 

P: Señor Escohotado, ¿usted ha hecho siempre lo que ha querido en su vida?

R: Básicamente. Me di cuenta de que había que pagar por la libertad, y si lo pagué sin vacilaciones fue porque nunca fue el de la libertad misma, aunque sí exigente en horarios, rendimiento, comunión con el tráfico, asistencia a ceremonias et alia. Se hizo más flexible, por cierto, con los años.

 

P: Para terminar, ¿qué le ha parecido el falso documental de Scorsese sobre Dylan y The Rolling Thunder Revue?

R: Algunas cosas me gustan; otras, sobre todo la parte al servicio de lavanguardia, me da bastante por el saco. Se transparenta el daimon de Dylan por el azul inmensidad de sus ojos, pero ¿por qué se oculta tanto? Admitamos paletadas como que confunda a Ginsberg con Baudelaire, o le parezca buen gusto y estar al día tener presente a Artaud y homenajear a Marceau, codificador del mimo; pero es chungo ser el bardo del mundo y quedarse sin voz hace tanto. Me quedo con ganas de saber quién es realmente. ¿Has leído su libro de memorias?

 

P: Claro que sí: Crónicas vol. 1. Ya salió hace mucho. Y no hay rastro del Crónicas vol. 2

R: No es una biografía de autobombo, pero evita describir una sola reacción espontánea, y “Nadie sabrá nada de mí” podría ser el subtítulo. Entretanto ofrece interpretaciones y temas como el dedicado al vigía del Titanic, que me dejan mudo de tarde en tarde.

 , ,