La cuestión de género, en cuatro mitos

La cuestión de género, en cuatro mitos

  • En el año 1978 Antonio Escohotado publicó Historias de familia: cuatro mitos sobre sexo y deber. 15 años más tarde, la misma editorial lo reeditó bajo el título Rameras y esposas
Por Alejandro Menéndez

El cambio de título se debió a, en palabras del propio Escohotado, las «certezas que el tiempo había ido puliendo y cambiando» y a que «su consideración proyectase luces y sombras bastantes distintas» a la primera versión del libro, dedicado en sus dos versiones a sus seis hijos. Como obliga la honestidad intelectual, si los hechos hacen tambalear las afirmaciones, lo mejor es revisitar los fundamentos.

Este mismo mes la editorial La Emboscadura, fundada y dirigida por su hijo Jorge y que ha nacido con el noble propósito de difundir globalmente el pensamiento del filósofo, ha recuperado el título: inasequible tanto por ejemplares como por desembolso.

Escohotado, que anteriormente había publicado un libro sobre la filosofía hegeliana (La conciencia infeliz. Ensayo sobre la filosofía de la religión de Hegel) y otro sobre la evolución del pensamiento griego (De physis a polis. La evolución del pensamiento griego desde Tales a Sócrates), nos pone con Rameras y esposas en el sendero que transitan las verdades constantes y generales que se pueden extraer de una particularidad tan absoluta como la del evento mítico. La aparente contradicción se repliega cuando, cariacontecidos, comprendemos que los mitos, dada su naturaleza religiosa y sobrenatural, apuntalan el edificio del valor inmutable.

El filósofo hace un recorrido a través de diferentes mitos mesopotámicos, griegos y cristianos, extrayendo de ellos pautas generales de asunción de roles dentro de la familia. Desde la figura del padre, rey de reyes, que representa Zeus hasta San José, que suministra sustento y nutrición a la familia y, por tanto, es padre putativo. Asimismo, la figura de la madre es profundamente estudiada. En este sentido, se identifica en Hera el papel de madre que castiga las aventuras de Zeus sin deshonra, pero con elegancia. En episodios posteriores del mito, Deyanira aceptará desconsolada las infidelidades de Hércules con otras mujeres, pues entendía que Hércules fuera codiciado por otras como consecuencia de sus cualidades.

Zeus, transformado en cisne, corteja a su hermana Hera.

 

Sin embargo, de estos relatos no hay que extraer la condescendencia de la mujer respecto a los devaneos sexuales del hombre. Para que no quede pátina de duda Escohotado dirige su mirada hacia Babilonia, en el siglo V a.C., donde las mujeres debían ser desfloradas en el templo de la diosa Ishtar antes de comprometerse en matrimonio; y no por su futuro marido, sino por el primero que pusiese una moneda de plata en su regazo. Esta costumbre arcaica consagra una primordial unidad femenina; y concluye el filósofo: «esa ordalía la hace adulta, igual a las demás, porque ahora ha conocido en la acepción más densa del término –como solo conoce el acceso carnal». La mujer corriente se eleva hasta ramera sagrada, hieródula.

Esta secuencia que se dirige irremediablemente hacia el paraíso de la libertad y, por tanto, de la igualdad se detiene ante el mito cristiano. El ejemplo de la Virgen María es el de la mujer que considera la virginidad intacta «parte esencial del patrimonio que aporta como casadera» Unas líneas más adelante, Escohotado se reafirma con total contundencia: «la tradición que se abre camino con María entiende pureza como limpieza, y limpieza como conservación del himen; de ahí que en griego María no sea pura sino impoluta». ¡Con la Iglesia hemos topado! La interpretación cristiana unida al matrimonio monogámico, decretado por primera vez en la historia por el rey ateniense Cecrops, interrumpen la evolución de los acontecimientos y convierten la institución familiar en otra cosa.

Escohotado, en otro artículo de este mismo blog, lo explica de la siguiente manera: «al triunfar el cristianismo desaparecen las hieródulas. La mitología empieza a ser ocupada por personas decentes, que, sin enardecerse en batallas carnales, trabajan de buena gana catorce horas diarias. A partir de ahora las rameras son solamente dulas o siervas, rameras profanas, no protegidas sino estigmatizadas por la ley». Nos hallamos en el tránsito de lo divino a lo humano. Con todas sus consecuencias.

Si en un principio fue el hombre quien se benefició de la institución familiar pues en ella combinaba posesividad y promiscuidad, más tarde el matrimonio se revela como forma de dominación velada de una madre divina, que usa como mano de obra a un progenitor aparente. La esencia de San José es el altruismo, opción con la que mantiene cubiertas las necesidades de laborosa obtención reclamadas por su hijo. El matrimonio se convierte, pues, en una institución económica. Bajo esta forma de matrimonio el hijo aparece como razón de ser de los progenitores y no como parte de su progenie.

Es en los Evangelios Apócrifos, que proliferaron en la Iglesia a partir del siglo II, donde con mayor exactitud se puede ver el intercambio de papeles padre-hijo que se menciona más arriba. San José se verá obligado a amansar la furia de los vecinos de Nazaret, que han visto como el niño Jesús ha consumado dos amenazas de muerte y ha sumido en la ceguera a un airado grupo que protestaba contra él. Se hace explícita la nueva relación de poderes dentro de la familia, en la que el padre ha de responsabilizarse de las faltas del niño mimado; y se consuma cuando San José en su lecho de muerte, al ver entrar a su hijo, insiste: « ¡salve mil veces, querido hijo! ¡Al oír tu voz mi alma recobra su tranquilidad! ¡Mi señor, mi verdadero rey!» El hijo ha asaltado, definitivamente, el reino del padre.

Asimismo, la madre, ya liberada e inconsciente de su propia condición, eleva el grito feminista al reconocerse más allá de su contingencia: diría Escohotado, «pide ser considerado un cuerpo sin sexo». En estos términos hemos de entender el siguiente titular, muy recurrente en pronunciamientos del filósofo: «La Virgen es un símbolo de rebelión femenina». De ahí que se quiera sostener al mismo tiempo el alumbramiento del niño Jesús y el dogma de la Inmaculada Concepción. Si han saltado por los aires los límites de lo posible, cualquier fantasmagoría puede acontecer.

 

En los dos últimos capítulos se diserta sobre la propaganda de lo unisex que traen consigo los tiempos posmodernos de disolución de sexos, a pesar de que, observándolo con lupa, tales tiempos manifiesten con mayor convencimiento la multiplicación del factor género. Asimismo, se reflexiona sobre la prostitución y sus consecuencias al asimilar el mito cristiano y no cualquier otro. Todo ello con la implacable y lúcida prosa del autor, que acerca la investigación más refinada a un público ávido por conocer.

El libro se adorna con una elegante edición que disemina representaciones clásicas por doquier con ilustraciones de gran calidad. Si al lector le interesa bucear en las profundidades del pensamiento del autor sin caer en sus temas más conocidos – drogas y comunismo – este libro es de obligada lectura.

7 Comentarios
  • Francisco Bernal Rondán
    Publicado 15:22h, 08 diciembre Responder

    Partiendo de la inexistencia histórica de la persona de Jesús, del que sólo existe un testimonio fraudulento, en Flavio Josefo, desmentido por el descubrimiento de manuscritos más antiguos, donde no aparecen esas pocas líneas. Toda referencia, pues, a la concepción de un ser divino por una vírgen, así como lo que sigue a tal portento, hay que tomarlo con las pinzas de la interpretación simbólica, y no tiene relación alguna con la supuesta existencia del personaje, ni de la veracidad de los hechos que se le atribuyen.

  • antonio escohotado
    Publicado 23:04h, 08 diciembre Responder

    Siempre sospeché que lo de Josefo era interpolación.

  • Jesús E. Pardal
    Publicado 11:37h, 09 diciembre Responder

    Expertos en cristianismo primitivo como Antonio Piñero, Fernando Bermejo, Puente Ojea, etc, comentan que el pasaje de Josefo es una interpolación, aunque es posible que haya un leve sustrato histórico, pero en Historia Antigua no hay verdades absolutas.

  • Camilo
    Publicado 11:59h, 09 diciembre Responder

    Recientemente vengo de leer Los enemigos del comercio y así he perdido mi inocencia tanto del comunismo cristiano marxista como de cualquier ideología. Leo a un autor serio en el señor Escohotado. Buscaré ese texto sobre la familia y seguro será interesante.

  • Pablo Vergara Cuenca
    Publicado 12:04h, 09 diciembre Responder

    No dudo en absoluto de la existencia de Jesús, negar, incluso dudar, nos aleja de lo único que nos hace reales. Hijo del hombre, es el arquetipo del sí mismo, la cercanía o la lejanía de la mente abstrusa, revulsiva, ruidosa, respecto de la imagen que guardamos en nuestro corazón, pierde facultades en la luz que incide en el silencio, formando el entendimiento que nos desnuda de ropajes ignorantes.
    Respecto del artículo, leí hace tiempo en un libro de Florinda Donner, discípula de Carlos Castaneda, que dictaminaba, mejor dicho, sentenciaba, que la mujer no necesitaba del hombre para generar matriz. Lo cual a fin de cuentas, en un mundo multidimensional, no debiera de parecer extraño. El problema aquí subyacería en la posibilidad de que el hombre se viese relegado al ascetismo, y también que la familia tal y como la conocemos desapareciese, lo cual en términos monetarios y económicos, no interesa. La visión científica ha reducido el horizonte de sucesos, a sus propios intereses deterministas, y ha causado mella en la racionalidad, limitándola y cegando al individuo.
    Para acabar y no sin cierta ironía, y con cierto humor, al final hemos de reírnos y no tomarnos tan en serio. Invito a la reflexión, ya que viene al caso, con una frase que leí en un libro de Borges, tal vez en ficciones si no recuerdo mal, es la siguiente:
    ” Los hombres y los espejos son abominables, porque multiplican el número de éstos”.
    Finalmente, creo que me compraré el libro, seguro que disfrutaré de la lectura. Un saludo.

  • José Ignacio Moreno
    Publicado 09:20h, 07 julio Responder

    El catedrático Piñero declaró en algunos medios, recientemente, que hay mas pruebas de la existencia de Jesús que de la de Julio César.

    ¿Porqué ha sido tan contundente señor Piñero es esa afirmación? Gentes que todavía, sin más información que sus propios pensamientos y charlas de café, siguen opinando por ejemplo, que el Jesús de la historia no ha existido nunca.

    Un tanto cansado de que se me formule siempre la misma pregunta, reuní en una ocasión, en un Curso de verano de la Universidad Complutense de Madrid a un notable grupo de especialistas y les propuse esta misma pregunta. El resultado es un libro, cuyos datos son los siguientes: Existió Jesús realmente?, Editorial Raíces, Madrid 2009, 350 pp. ISBN 978-84-86115-64-7.

  • SONIA GARCIA ALVAREZ
    Publicado 19:31h, 04 octubre Responder

    Se me vienen a la mente muchos pensamientos, pero mientras voy a volver a leer el libro, escojo dos:

    “La apropiación por parte de los hombres de la capacidad sexual y reproductiva de las mujeres ocurrió antes de la formación de la propiedad privada y de la sociedad de clases. Su uso como mercancía está, de hecho, en la base de la propiedad privada.” La creación del patriarcado (Gerda Lerner, 2012)

    “La segregación de las mujeres vino antecedida y se conformó a través de la violencia, consumándose así su sometimiento Como consecuencia, se va a establecer todo un orden simbólico del mundo para legitimar esta subordinación, que se va a manifestar en todos los órdenes necesarios para establecer la legitimación de esta dominación” (Bautista, 2004).

    En el contexto histórico de la época en que se redactó el Génesis, la serpiente estaba claramente asociada a la diosa de la fertilidad y era su representación simbólica. En la reinterpretación de la tradición hebrea, por mandato divino, la sexualidad libre y abierta de la diosa de la fertilidad le iba a ser prohibida a la mujer caída. La maternidad sería la forma en que encontraría expresión su sexualidad.
    Así, la imagen de una serpiente divina, un árbol sagrado y una diosa enfurecida con su consorte (por haberse comido la planta mágica del paraíso sumerio), se convierten en la leyenda hebrea en un árbol cuya fruta es intocable, una seductora serpiente y un hombre que da vida a una mujer que acabará perdiéndole.
    Los roles se han cambiado y también el proceso de nacimiento que sitúa a la mujer en un plano secundario y negativo.
    La antigua divinidad de los mitos orientales que era creadora de vida,
    Una de las ayudantes de la diosa—encargada de sanar la costilla del héroe—se llama Nin-ti ‘la señora de la costilla’. En sumerio, uno de los significados de ti es ‘dar vida’, como en hebreo Eva significa ‘la que da la vida’.

    Degeneró en una simple mortal —Eva—, criatura formada de una costilla y responsable de la caída del hombre.
    Entonces Dios el Señor hizo que el hombre cayera en un sueño profundo y, mientras éste dormía, le sacó una costilla y le cerró la herida. 22 De la costilla que le había quitado al hombre, Dios el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre,
    Genesis 2:21
    A la mujer le dijo: «Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido, y él te dominará.»
    Genesis 3:16

    2.- Llamarle PUTA a alguien, es decirle DIOSA

    Démeter, deidad de la agricultura, realizó un viaje al inframundo para rescatar a su hija Perséfone, quien había sido raptada por su tío Hades. En su travesía hacia el infierno, la Diosa fue acogida por el rey Céleo, quien le ofreció hospedaje para que la Diosa recuperara energías y pudiera continuar su misión.

    Démeter para demostrar su aprecio, decidió transformar al hijo del rey, Triptólemo, en un Dios y enseñarle todas las artes de la agricultura antes de marcharse. La Diosa intimó con el nuevo Dios y juntos engendraron a una semidiosa, a la que llamaron PUTA, quien nació con un don innato para la PODA de árboles, actividad que mejoraba la calidad de los frutos en época de cosecha.

    La reputación de la joven se conoció por toda Grecia, y era adorada por los agricultores, quienes decidieron realizar fiestas en su honor en cada poda de árboles y, al igual que en todas las festividades de la época, Dionisio el mejor de los dioses, – Dios del vino y el éxtasis sexual – era el primer invitado.

    En la época de poda de árboles frutales se realizaba un ritual de fecundidad donde las mujeres que deseaban embarazarse agitaban las ramas de los árboles. Las sacerdotisas tenían relaciones sexuales en honor a la Diosa.

    PUTA fue una diosa menor en la Agricultura que se dedicaba a podar (PUTABIS) árboles para una mejor maduración de los frutos y que las fiestas en honor a ella se caracterizaban por las orgías sexuales organizadas por el Dios Dioniso, cuyos seguidores se encargaban de recaudar los honorarios, por tan saludables servicios.

    Putas y Rameras, definían en principio tanto a las Sacerdotisas como a las mujeres no consagradas, que culminaban las ceremonias religiosas, con actos sexuales sagrados de promiscuidad (de forma gratis) durante festividades, bajo la inspiración de la Diosa. Las Putas, las practicaban en honor de la Diosa Puta,

    Las Rameras participaban en procesiones en honor de otras Diosas, llevando eiresiones “ramas de olivas”, o ramos de flores (fiesta de la que es heredera la del Domingo de Ramos cristiano). Y que eran seguidas de la construcción de chozas con ramajes en donde practicaban el amor físico y promiscuo.

    Pero tras desacreditarse la libertad sexual femenina en el patriarcado, tales términos de origen religioso: Puta y Ramera, fueron usadas por los historiadores de forma descalificatoria y pasaron a definir, inapropiadamente, a las que venden actos sexuales. También los historiadores describieron de forma inadecuada la práctica religiosa de promiscuidad, como «actos de prostitución». Y similar desconsideración merecieron los actos sexuales sagrados de promiscuidad festiva de las Meretrices, Hetairas,… consagradas a la Diosa Venus / Afrodita, con los epítetos de Meretriz, Hetera / Hetaira.

    Pero dado que sólo las Hieródulas practicaban el servicio de la sexualidad con los fieles que «pagaban religiosamente el precio de la Diosa» en el Templo (lo que evidencia cuál es el sentido primigenio de que la expresión «pagar religiosamente»), las personas que realizan actualmente el acto sexual a cambio de contribución económica del cliente, deberían ser llamadas con el nombre más adecuado de Hieródulas.

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