Escohotado & Hofmann

Escohotado & Hofmann

(Archivo fotográfico de una hermosa amistad)

Cuando acaban de cumplirse 75 años del hallazgo psicofarmacológico más importante del siglo XX: la dietilamida del ácido lisérgico (LSD). Su descubridor, el eminente químico suizo Albert Hofmann, ampliaba sus investigaciones e identificaba el principio activo de los llamados hongos mágicos, la psilocibina. En esos años, el prestigio del científico suizo aumentó de forma exponencial. Fue nombrado doctor honoris causa en Harvard, Zurich, Estocolmo y Berlín, y una invitación de la academia sueca alimentó los rumores sobre sus posibilidades de alcanzar el Nobel. Pero aquello no pudo ser, ya que según sus propias palabras, se refería a la LSD como reveladora de la verdad:

“No es una droga como algunas otras. Es inútil enturbiar nada con ella. Ni el engaño propio ni el ajeno encuentran campo para desarrollarse.” (A. Hofmann)

Quizás por la facultad de dicha molécula para transformar la realidad y modificar la psique de manera hasta entonces impensable, sin producir adicción ni toxicidad orgánica alguna (se activa por varios microgramos, la millonésima parte de un gramo), la bautizaría Hofmann como su “hijo problemático”. Podemos escuchar al venerable anciano entrevistado por Sánchez Dragó en 1989 en este vídeo, donde aparece junto a Antonio Escohotado, responsable de traerle a España como ponente para un curso dirigido por él para la Universidad Complutense en El Escorial*.

¿Qué habría sido de la historia reciente de la humanidad sin la LSD, y qué sería del futuro sin su aparición? Tras su ilegalización en 1968, cuarenta años después una investigación reciente llevada a cabo precisamente en el país natal de Hofmann ha demostrado su utilidad terapéutica en la llamada “psicoterapia psiquedélica”; algo de sobra conocido por la psiquiatría -que la empleó durante los años 50 y 60- como una herramienta invaluable para descubrir los secretos del cerebro humano, debido, entre otras razones, a la similitud estructural de la LSD con la serotonina.

El sueño de Hofmann -que su “hijo problemático” fuese empleado de nuevo en medicina y en psicoterapia- está al fin cada vez más cerca. Muchos fueron los transformados por la molécula ácida, y entre ellos está, como no podía ser de otra manera, el mismo Antonio Escohotado. Entre él y el helvético surgió pronto una gran amistad, se llamaban el uno al otro “mi hijo adoptivo” y “mi padre adoptivo”,  como podemos comprobar en la siguiente imagen que recoge la curiosa dedicatoria para “mi amigo problemático” y “mi amigo eterno” que el científico regaló al pensador español.

 

Y así fue, ambos mantuvieron una amistad que duraría largos años, nutrida por abundante correspondencia, visitas a sus respectivas casas, congresos y reuniones. Hofmann murió con 103 años, y entre los secretos de longevidad estaban lanzarse a su piscina en Basilea cada mañana bajo cualquier climatología y colgarse unos minutos boca abajo -también todos los días- para facilitar el riego cerebral.

 

Desde La Emboscadura hemos querido contribuir a la efeméride con imágenes de ambos compartiendo buenos momentos, además de con la dedicatoria extraída de la biblioteca de Escohotado. En la fotografía anterior podemos ver a Antonio con su hija Rebeca y a Hofmann riendo, al poeta Miguel Ángel Velasco, con su larga melena y su pareja, y Agustín Luceño, sentado frente a Enrique Ocaña. Filosofía, ciencia y poesía a la vez: las tres grandes potencias del ser humano para desenmascarar la realidad. Una microscópica molécula que cambió para siempre el curso de la historia, como diría Miguel Ángel Velasco, Premio Adonais en 1981, en un fragmento del poema “El espíritu del vino” dedicado a Albert Hofmann por su cumpleaños número cien:

Una gota del caldo

del entusiasmo, del cenceño jugo

de la cuba del mundo, del espíritu

del vino del Grial precipitado

en una uva, no, en una pepita

de una pepita,

apenas una esquirla

de ese cristal maduro

del diamante del mundo conseguido,

descortezado y mondo de su noche

de carbón, con su estigma de rubí

de la sangre del tiempo.

 * Por aquel memorable encuentro también transitaron personajes de la talla y prestigio del gigantón Alexander Shulgin (redescubridor del éxtasis y un sinfín de análogos descritos en dos magnas obras -recientemente traducidas al castellano-), el psiquiatra Thomas Szasz y el etnobotánico Jonathan Ott, además de Luis Eduardo Aute y el filósofo Enrique Ocaña, encontrándose gente como Alaska o Bunbury entre el público).

**Agradecimientos a Agustín Luceño, cuyas fotos de la reunión informal con Hofmann, -recibidas hace unos días por sorpresa en La Emboscadura- animaron a la redacción de este texto. 

3 Comentarios
  • Mª José
    Publicado 18:39h, 18 abril Responder

    Desde la intuición digo yo que evolutiva,uno agradece que sin saber de medicina, ni de botánica, ni de psiquiatría, ni de neurología… ni de ciencias particulares, uno agradece a la ciencia universal de la Filosofía, el brindarle saberes fundados en una tradición antigua, popular y ancestral, conocimientos que parecen brotar casualmente en la inteligenica humana cuando esta persigue sus anhelos y se deja llevar por conocimientos regalados, confiando en el puro deseo sin verbo. Es todo un alivio, “ver” como se sintetiza este deseo con la sabiduría, sabiendo de antemano que este matrimonio fue declarado humano y legítimo en nuestras primeras tribus sin derecho. Los hechos se imponen con o sin voluntad, dejan una huella en la tierra húmeda y seca para que nuestra mirada se detenga y escrutine lo ocurrido. Las ideas brotan de la tierra que habitamos, y sus vuelos han germinado en ella, no debemos olvidar este origen. Tal vez, en un futuro, las ideas broten de otras tierras, y entonces, también deberemos averiguar cómo son esas tierras, para entenderlas y comprender como fueron posibles sus vuelos. Solo desde nuestra condición, podremos entender nuestros sueños, desde lo terrenal y vivido, entenderemos nuestros paraísos y no necesitaremos de otros para que nos los inventen o nos los impongan. Dejad al hombre libre y él encontrará el camino de la prudencia y la sabiduría. Debemos recorrer este camino sin miedo a la libertad, confiando en su larga y dura evolución. No se puede frenar esta evolución, seguirá adelante, más lenta con palos en las ruedas, pero seguirá adelante.

  • dario
    Publicado 14:10h, 25 abril Responder

    Palabras latinas que se refieren al estado de mudez o ,sin llegar a esa aparente invalidez, a acciones en las que de la boca el sonido sale gota a gota, como un murmullo, casi inaudible, comparten una raíz indoeuropea transliterada como ”mu-”.
    Con la aparición del cristianismo los ‘misterios’ órficos, dionisíacos y eleufinos, donde los iniciados (‘mystes’ en griego) fueron segados con hoces traidoras a su loable menester de ser herramienta de cosecha, alimento y prosperidad, hoces mercenarias al servicio de los nietzcheanos ”predicadores de la muerte” que cerraron los labios (de nuevo un verbo griego, ”myo”) encarcelando de boca para adentro al dios interior.
    Gracias a la labor investigadora de Albert Hofmann y a la de Antonio Escohotado armado con la tríada fichteana, se han descosido los labios al antiguo misterio, al misticismo primordial y puede el ser humano volver a iniciarse en las caprichosas danzas de los receptores de las serotoninas 5-HT2A y 5-HT1A. En definitiva, recuperar una tradición más antigua que la escritura y que conectaba el alma del hombre con la de la naturaleza del hongo, en una suerte de líquen donde el género homo viene a ser en este caso el ficobionte.

Publicar un comentario