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Entradas - Página 2 de 2 - La Emboscadura Editorial
Conversaciones, Entrevistas /

El populismo, a examen

Antonio Escohotado disecciona el fenómeno de masas de la mano de Jesús Vega a lo largo de 10 entregas

Desde La Emboscadura tenemos el placer de anunciar la disponibilidad de un ingrediente más en la coctelera del pensamiento del filósofo español. Y es que desde hoy la plataforma de aprendizaje online Vivlium ofrece la oportunidad de seguir profundizando en las ideas de Antonio Escohotado mediante un curso gratuito compuesto por diez entregas audiovisuales.

Continuando con su misión de difundir las ideas y hallazgos del pensador a nivel global, buscando a la vez nuevos formatos y públicos, os animamos a todos los emboscad@s al disfrute y aprendizaje intelectual mediante esta agradable -aunque sesuda- conversación que se grabó hace unos meses en el jardín del autor de Los Enemigos del comercio, en la serranía madrileña.

A lo largo de las diez entregas de 10 minutos aprox. que lo componen, Jesús Vega -cuya breve pero intensa trayectoria corporativa le llevó dirigir el departamento de RR HH de Zara y después escribir La empresa sensual- entrevista en profundidad a Escohotado en busca de los orígenes del populismo, recorriendo después su evolución histórica hasta el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial y llegando a nuestros días.

Para inscribirse como alumno en el curso -y recibir un posterior diploma, no es broma- basta con registrarse en Vivlium y acceder a través del siguiente enlace. Por petición expresa del autor y en contra de la tónica general de la plataforma, la inscripción y visionado de todos los capítulos es de acceso gratuito: Desmontando el populismo con Antonio Escohotado

Para los que todavía os lo estéis pensando os recordamos el vídeo introductorio que publicamos en su día en este blog, en torno a la desconocida y sorprendente figura de Telys de Sybaris como primer populista y el primer sibarita de la historia, acostumbrando a dormir, ni más ni menos, que en colchones de pétalos de rosa roja…

Índice de curso Desmontando el populismo con Antonio Escohotado:

  • -Introducción: Telys de Sybaris, el primer populista
  • -Lección 1: ¿Qué es el pueblo?
  • -Lección 2: Economía, sabiduría y democracia
  • -Lección 3: La vertiente religiosa
  • -Lección 4: Riqueza y libertad
  • -Lección 5: El tabú de la riqueza
  • -Lección 6: Las ruedas del comercio
  • -Lección 7: De la Revolución Industrial a Marx
  • -Lección 8: Las intenciones del comunismo
  • -Lección 9: La puesta en práctica de Lenin
  • -Lección 10: El comunismo tras la Segunda Guerra Mundial
Artículo, Entrevistas, Hito /

Fenomenología del Prime Time

Intrahistoria del programa emitido el pasado domingo,
cuando Escohotado conversó con Risto Mejide en su Chester

 

27/10/17

Antonio Escohotado se abrochaba la camisa mientras la televisión ofrecía la imagen del Parlament aprobando la constitución de “la república catalana, como Estado independiente y soberano”. Su cita en el plató de La Fábrica de la Tele le exigía un madrugón desacostumbrado –esto es, la una de la tarde-, subrayando los consabidos reparos del Viejo a presentarse en espacios televisivos de gran audiencia.

Cedió a la propuesta de darle “una gran alegría” a su Jorge, que ejerciendo como báculo de la ancianidad gestionaba la paciencia del taxista que esperaba fuera. Demostrando un entendimiento despejado, el chófer –a quien el presentador no le hacía “mucha gracia”- trascendía sus habilidades de conducción sirviendo además como sparring para que el sabio empezase a carburar. Los ritmos televisivos, la incertidumbre de no saber qué entrará en el montaje final, y un público que divide su reacción entre el aplauso y el abucheo, demandan un calentamiento previo que prepare la profundidad del discurso para la ágil ejecución del vetusto púgil.

Tras el plató donde descansa el Chester, la zona reservada a técnicos se llenaba de murmullos y risillas conforme progresaba la entrevista, comentando entre otras cosas cómo Risto estaba “flipando”. Para cuando el desmayo de una persona del público, y la llegada del SAMUR, marcaba el fin de la entrevista, Escota ya había abandonado sus reticencias ante el formato, contento por el trato recibido y no insatisfecho de su propia performance. Ya en casa, comentaba la jugada: “me pregunta si he tomado algo, y digo ‘sí’, y luego pienso… ¿y si le digo que ‘mucho’? Venga!” Así es como improvisó ese “sí, mucho”, ya un clásico del imaginario escohotadiano.

11/02/18

Narraciones románticas aparte, la intervención de Escohotado en Cuatro es un hito para la historia de la televisión y para La Emboscadura, cuyo objetivo es difundir y presentar el pensamiento del sabio a audiencias y territorios donde antes solo llegaban rumores. Tanto puede ser el mercado anglosajón como el Prime Time, en el último caso con la convicción de que el rigor que sistematiza su discurso no perderá coherencia bajo ningún código en el que toque mostrarse.

Desde madres escandalizadas a seguidores decepcionados, la multiplicidad de las opiniones deja ver que la realidad efectiva es la conversación en sí, y que la noche del 11 de febrero Escohotado fue uno de los ejes que hicieron pivotar el intercambio de opiniones y juicios en España y otros países hispanoparlantes. Así lo demuestra el hecho de haberse colocado el filósofo como Trending Topic -habría que añadir al dato los hashtags #ChesterMillenial y #ChesterEscohotado-.

 

De la parte de los detractores, bien se opongan a lo sucedido porque el pensador les resulta estomagante, o porque este presentador en concreto les resulta estomagante, ambas facciones parecen estar de acuerdo en querer mandar sobre la realidad, quizá rechazándola cuando no cuadra con sus preceptos y prejuicios. Estarían desoyendo el consejo principal del ensayista, que lejos de reclamar cualquier posición parecida a la de un gurú es un «piensa por ti mismo» catedralicio. Tanto Risto como Escota, así como el movimiento de personas y cosas entre bambalinas, son responsables de que el «oráculo de Galapagar» actualice su principal enseñanza en horario de máxima audiencia. Aclaramos que no es nuestra intención malversar las opiniones discordantes, sino utilizarlas de ejemplo para poner de relieve el valor de adaptarse a un lenguaje refractario al desarrollo completo de reflexiones más o menos profundas. Agradecemos profundamente cualquier tipo de manifestación al respecto ya que lo que prima siempre es poner en juicio las cosas desde cualquier perspectiva. Como expone Hegel en la Fenomenología: «esa realidad solo tiene su sustancia y su sostén en el espíritu que existe como un juzgarlo todo y un someter todo a comentario, y que es el interés en tener un contenido para ese razonante dar vueltas y más vueltas a todo y para andar siempre disertando, parlando y parloteando acerca de todo, que es ese interés, digo, lo único que sostiene y conserva al Todo y a las masas en que ese todo se articula.»

Parece un signo saludable del hoy que la complejidad propia de batallar con la entelequia denominada «público general» se salde con un par de cargas de profundidad que hagan a uno moverse -siquiera un poco- de la silla. Al extrañamiento que acompaña oír a un público de televisión reír con la ocurrencia de que Puidgemont fume DMT, sigue la segura sonrisilla del Viejo: un ejemplo de cómo aceptar la responsabilidad personal de cada presente pavimenta una vejez sin envidia de juventud. Ejemplo que los millenials que le precedieron en el Chester harán bien en seguir.

 

Gracias a todos los que participasteis, participáis o participaréis en el hilo escohotadiano.

Artículo /

Aprendiendo de las drogas (Revisited)

Disponible el primer audiolibro de Escohotado

 

Ya están aquí las casi 10 horas del audiolibro de Antonio Escohotado, narrando él mismo el texto de Aprendiendo de las drogas. Su penetrante voz de barítono amplía la dimensión del ya conocido manual sobre el uso y abuso de las drogas, prejuicios y desafíos; una disección de meticulosidad quirúrgica sobre el mayor tabú de nuestro tiempo: el miedo a estas sustancias, reflejo del miedo a nosotros mismos.

Practicando el bioensayo y acudiendo siempre al estudio de fuentes primarias, el pensador español proporciona información veraz y objetiva de máxima utilidad para el manejo de  fármacos de cuyo uso -sobrio o compulsivo, elegante o maníaco- depende en gran medida su aprovechamiento por parte del individuo. «Usé la modificación química de la conciencia como una manera de conocer… como una ventana a lo interno y externo», puede escucharse a lo largo del prólogo después de que el autor experimentase con dosis bajas, medias y altas de buena parte de las sustancias descritas, algunas en combinación con otras.

El audiolibro se grabó a lo largo de una semana en Ibiza. Supone la primera incursión de Escohotado en este formato, y no se corresponde íntegramente con la versión impresa de la obra, ya que el autor aprovechó para añadir y suprimir algunas partes así como para matizar algunas informaciones y datos concretos a medida que los iba leyendo ante el micrófono.

 

 

 

 

 

 

Desde La Emboscadura nos complace poner a disposición de todos los emboscad@s una obra como esta, que ha influido en tanta gente gracias a sus más de 30 ediciones. Tras veinte años de sugerir al lector ilustración farmacológica, el Viejo revisa el libro capítulo a capítulo hasta completar nueve horas y media de pormenor fenomenológico disfrutable en casa, el gimnasio, el coche o el autobús.

Un prólogo y epílogo exclusivos completan este retorno a un texto fundamental en la bibliografía mundial sobre drogas, en un formato amable para los neófitos y que guarda nuevas luces para los que repiten viaje.

ÍNDICE DEL AUDIOLIBRO
0 – Prólogo
1 – Despejando prejuicios: las variables del asunto
1.1. Toxicidad
1.2. Marco cultural
1.3. Principales empleos
2 – Despejando prejuicios: la dependencia
2.1. Qué es droga
2.2. Una clasificación funcional
2.3. Nuestros requerimientos
3 – Buscando paz: dentro de lo producido por nuestro cuerpo
3.1. Dentro de lo producido por nuestro cuerpo
3.2. Opio
3.3. Morfina
3.4. Codeína
3.5. Heroína
3.6. Otras consideraciones sobre los opiáceos

4 – Buscando paz: fuera de lo producido por nuestro cuerpo
4.1. Sucedáneos sintéticos del opio
4.1.1. Metadona
4.1.2. Buprenorfina
4.2. Tranquilizantes mayores
4.3. Tranquilizantes menores
4.3.1. Las benzodiacepinas en particular
4.4. Somníferos
4.5. Los grandes narcóticos
4.5.1. Cloroformo
4.5.2. Éter
4.5.3. Óxido nitroso o gas de la risa
4.5.4. Fentanilo
4.6. Vinos y licores
5 – Buscando energía: los estimulantes vegetales
5.1. Los estimulantes vegetales
5.2. Café
5.3. Coca
6 – Buscando energía: en el plano químico
6.1. Cocaína
6.1.1. Crack
6.2. Anfetaminas
6.3. Cafeína
6.4. Estimulantes de acción muy lenta
6.4.1. Prozac
7 – Buscando excursión psíquica: sustancias de potencia leve o media
7.1. Fármacos visionarios y fármacos alucinógenos
7.2. Sustancias de potencia leve o media
7.3. MDMA o Éxtasis
7.4. Derivados del cáñamo
7.4.1. Marihuana
7.4.2. Haschisch

8 – Buscando excursión psíquica: sustancias de alta potencia
8.1. Mescalina
8.2. LSD
8.3. Hongos psilocibios y sus alcaloides
8.4.1. Fármacos recientes: DMT
8.4.2. Ketamina
8.4.3. TMA
8.4.4. DOM
8.4.5. 2C-B
8.4.6. Salvia divinorum
9 – Epílogo

Producción Ejecutiva: Horacio Acerbo

Grabación: Sebastian Salvo Salvet

Edición: Daniel Álvarez

 

Artículo /

Ernst Jünger, un pensador contracorriente

Antonio Escohotado

Ernst Jünger habría cumplido 103 años si su prodigiosa salud no hubiese dicho basta unas pocas semanas antes. Hace bastantes años, cuando le conocí, iba acompañado por su amigo Albert Hoffmann -el químico descubridor de la LSD- y formaban una pareja sorprendente, hasta cierto punto parecida a la de Alonso Quijano y Sancho. Apuró dos vasos de vino en aquella primera cena, y habló de filosofía y de drogas con autoridad deslumbradora. A mi juicio -que Jorge Luis Borges compartía expresamente- Ernst Jünger es el mayor prosista del siglo, junto con Marcel Proust, Franz Kafka y el propio Borges. Sólo puedo remitir para ello a obras como Juegos africanos, que describe su experiencia en la Legión Extranjera, donde se enroló a los 17 años, los prodigios expresivos de El corazón aventurero o el extenso fresco de impresiones y reflexiones representado por sus voluminosos Diarios. Pero Jünger no sólo fue un prosista eminente, sino quizá el primer ontólogo de su época.

He aquí una muestra, extraída de Radiaciones/2: Acerca del estilo. El empleo del sustantivo es, en todos los casos, más enérgico que el empleo de las formas verbales«Se sentaron a comer» es más débil que «Se sentaron a la mesa» o que «Se sentaron para la comida». «Se arrepiente de lo hecho» es más débil que «Se arrepiente de la acción». Es la diferencia entre el movimiento y la sustancia.

Este guerrero redactó una diamantina defensa de la rebeldía y la reconciliación en La emboscadura, que funda «la persona singular soberana» sobre un rechazo a las insidiosas formas modernas de la crueldad, cuando se han borrado las fronteras entre el servicio militar y el crimen. El libro, publicado originalmente en 1951, lamenta que los poderosos hayan ido ascendiendo poco a poco por los escalones de los partidos, pues esa circunstancia disminuye desde el principio las dotes para ejecutar actos que estén orientados hacia la totalidad, es decir: acuerdos de paz, juicios, fiestas, donaciones y acrecentamientos. Las culturas son casi siempre funerarias, en el sentido de que las personas sólo se hacen respetables al alcanzar un estatuto cadavérico.

Es vaticinable, pues, que Jünger inspire ahora comentarios hagiográficos y un recrudecimiento de las críticas, por la parte que pudo corresponderle en el belicismo de los años 20 y 30. Sin embargo, le recordaré siempre como era en vida: un anciano coronado de nieve, gentil y distante, que enseñaba a escribir y a mirar cuando tantos otros le sugerían mandar y ser mirado. El auténtico problema -dijo cierta vez- es que una mayoría no quiere la libertad y aún le tiene miedo. Para llegar a ser libre hay que ser libre, pues la libertad es existencia, concordancia consciente con la existencia, y es el placer, sentido como destino, de hacerla realidad.

Artículo publicado el 18 de febrero 1998.

Fragmento de libro /

Escohotado y los Reyes Magos

Fragmento de Sesenta semanas en el trópico

1/1

Una ventaja de estar tan lejos de casa es poderse olvidar de las fiestas, con su pesebre y sus Reyes Magos, que me traen recuerdos melancólicos y también un punto de rabia. La melancolía viene de todo lo inconmovible que se movió, empezando por mis padres —desaparecidos hace ya más de tres décadas—, siguiendo por dos bellos y largos matrimonios y terminando por todos los seres queridos de cuando creía, o fingía creer, en los Reyes. No he sido capaz de devolver con creces el afecto que tantos benefactores me otorgaron tan liberalmente, bien porque ya no están o bien porque la vida impide estar en varios sitios a la vez, albergando sentimientos iguales hacia distintas personas. Como la culpa es del tiempo, o mía, esta reacción ante las fiestas navideñas intenta proteger de una ternura que corta como un bisturí el caparazón del carácter, llegando hasta las vísceras que exigen cuidado, benevolencia y, en definitiva, amor sin condiciones. Debo darlo, cuando ya es demasiado tarde.

La rabia navideña me viene de los regalos, y concretamente de las montañas de juguetes que algunos niños reciben, tan absurdos y desproporcionados como para que sólo les interesen unos segundos, cuando mucho un par de minutos. Entre cinco y quince cajas de cartón depositadas al pie del árbol o el pesebre ofrecen fantoches de plástico con bocinas y luces, un vehículo de pedales o a motor, los últimos muñecos exhibidos por la televisión, algún invento técnico infantilizado, disfraces, chucherías y cualquier cosa que el niño haya pedido a los Reyes. Como en su cumpleaños, el tira y afloja de la vida se convierte en un obsequio que suspende las reglas de economía, cooperación y realismo de cada día. Los donantes entienden que esas reglas son tristes, y —corrigiendo en su hogar la miseria de la sagrada familia en Nazaret— acumulan donaciones cuyos meros envoltorios no caben en dos cubos colectivos de basura, de tan voluminoso como resulta ser el continente. Por otra parte, es imposible que el regalo emocione cuando se hace de manera masiva dos veces al año, y la alegría imborrable de recibir uno se convierte en costumbre de abrir caja tras caja de insulsas excentricidades.

Me molesta ver la segunda bicicleta regalada a una niña cuyos padres temen dejarla montar, mientras el hijo del vecino sueña ya con la primera como un alquimista con su piedra filosofal. Ese hijo del vecino se resigna sin amargura a que sus padres tengan un coche menos caro, por ejemplo; pero el derroche navideño acontece en la misma fecha del año, cuando al día siguiente la pandilla se reunirá para compararlos, y le sitúa ante algunos compañeros en una posición que no es tanto envidia como inferioridad. Cada juguete que recibe un niño sin ilusión frustra las ilusiones de su coleguilla, incomparablemente más que si lo recibiese con entusiasmo, porque en vez de compartirlo con él se apilará en un armario o esquina de su cuarto, recordando que algunos tienen hasta lo indeseado. El adulto conquista su posición económica, y si uno tiene más consumo suntuario se deberá a que puede o quiere. Los niños, en cambio, van a remolque de sus mayores, y los fastos de Santa Claus les enfrentan a algo no ya ajeno al poder y al querer, sino al merecimiento.

Ponerme tanto en el lugar de los niños que reciben menos en estos banquetes del plástico viene sin duda de mi propia infancia, pues aunque mi padre ganaba buen dinero tuvo la ocurrencia de llevarme a un colegio de millonarios. Yo tenía sin duda bastante e incluso de sobra con los liberales regalos que él y mi madre me hacían, y no recuerdo una sola ocasión en que me doliesen los Reyes de otro. Pero el olvido es una cortina piadosa que corremos para honrar a seres queridos, o descargarnos nosotros de mezquinos resentimientos. Ahora, cuando de mí depende atiborrar o no con presentes a los pequeños, querría que ningún niño se entristeciera pensando en la fragilidad económica de sus padres. Quizá si el ir de compras no fuese tan absorbente —para damas con déficit en otras vocaciones— podríamos devolver el juguete a su sentido más práctico y conmovedor. Esto es, algo que tienda puentes entre el mundo infantil y el mundo adulto, hecho si posible fuese con las manos de los padres, como una muñeca que vi producir a una pareja de italianos sin dinero, en una aislada casa payesa de Ibiza hacia 1973. Él talló su cuerpo a partir de un trozo de madera blanda, y ella le hizo un traje de florecitas, como el que usaba la propia niña, Andrea. Quince años más tarde, cuando Andrea volvió convertida en mujer, la muñeca y ella seguían siendo inseparables.

—Le cambio el vestido cada tres o cuatro años, aunque siempre será de flores.

Hasta qué punto los niños prefieren sencillez y aprendizaje me lo ha ido haciendo ver también mi propia prole. Antes de tener su playstation (un invento de indiscutible mérito), mi hijo Antonio nunca había disfrutado tanto ni tanto tiempo como gracias a una peonza. Empezó con la regalada, que estaba llena de adornos inútiles, y según fue haciéndose más competente buscó otras cada vez más simples y eficaces, pues hasta en peonzas o yoyós hay grandes campeones. Esto no es exactamente lo que pretende El Corte Inglés en sus campañas de Navidad, y tampoco colma el ansia adquisitiva de madres y abuelas, justificada en que los niños conserven así «la ilusión». Pero el efecto más recurrente de tanto regalo convencional es una especie de indigestión para unos, combinada con melancolía para otros. Cuando la ilusión resulta ser milagrera —apoyada sobre Reyes Magos, Santa Claus o Papá Noel—, que estos santos empachen a ciertos niños mientras ignoran al resto no resulta tan alegre, ni para los unos ni para los otros.

 

Artículo /

«Detesto que algunos me llamen gurú»

Sebastián Basalo, Buenos Aires.

El filósofo español que estudió la ebriedad con su propio cuerpo supera los 70. Su obra es la más completa que existe sobre drogas, y a dos décadas de su publicación, recuerda sus años mozos y renueva sus visiones. “El pasaje del uso religioso al uso recreativo de drogas propio de la modernidad es una revolución equiparable a dejar de rezar pidiendo lluvia para ponerse a construir aljibes”.

Escohotado, o “Escota” para sus amigos, le da una última calada a su clásico porro afgano de las 10 de la noche a pocos días de la navidad y atiende el teléfono sentado en el sillón de su casa en pleno centro de la capital española. Media hora antes nos había pedido un tiempo para terminar de escribir sobre Heráclito. “Ahora sí, vamos a hablar de los nuestro”, propone con una voz ronca pero dulce, casi de entresueño. Luego, esculpirá cual Miguel Ángel cada palabra que salga de su boca.

Este señor, considerado uno de los pensadores más influyentes del último siglo, se autodefine psiconauta y dice que prefiere cambiar el verbo creer por probar. “Una cosa es la ciencia y otra la creencia. En general procuro no creer en nada”, advierte. Pero la ciencia también tiene un límite, y Escohotado siempre lo supo. Para describir en profundidad los estados alterados de conciencia producidos por el consumo de sustancias psicoactivas, no solo hace falta abandonar los dogmatismos y acercarse a la ciencia, sino que es necesaria la experimentación del fenómeno en el propio cuerpo. “No ha sido muy común aunar lo teórico y lo práctico en materia de drogas”, admite Escohotado en el prólogo de su enciclopedia, y comenta que eso le trajo problemas a la hora de encarar el arduo trabajo de experimentar con cada una de las drogas que conocía. Más de 120, por cierto. Los resultados de esta búsqueda aparecieron en las librerías un año después de que publicara Historia General de las Drogas,bajo el título El libro de los venenos, que posteriormente pasó a llamarse Para una fenomenología de las drogas y terminó editándose en el 95 como Aprendiendo de las drogas.

“He intentado practicar siempre una sobria ebriedad”, repitió la infinidad de veces que fue interrogado acerca de “cómo hizo para haber consumido tantas drogas y vivir para contarlo”. Escohotado afirma que a pesar de lo lejano del existencialismo, sigue siendo un absurdo hablar de una libertad sin responsabilidad porque las libertades que tomamos son responsabilidades que asumimos. “Si nos hacemos completamente abstemios, nos privamos de toda esa parte que el iceberg tiene de la superficie del agua hacia abajo —describió hace años a un medio español—. Y si cultivamos la ebriedad sin mesura, reducimos el iceberg a lo que tiene de la superficie para arriba. Yo he buscado ser el iceberg entero”.

La bestia

Hace 25 años, un profesor de Sociología fue apresado en la isla española de Ibiza por tenencia de cocaína. Lo acusaron de ser un narcotraficante y lo condenaron a dos años de prisión. El hombre se había pasado la última década estudiando “los delitos sin víctimas” o “consensuados”. Es decir, las violaciones a aquellas leyes y normas que establecen lo que es escandaloso o indecente, el punto donde se confunde la moral con el derecho. Entre otros, la brujería, la homosexualidad, la eutanasia, la vagancia y lo que constituía una gran arca de “criminales” para la justicia Española: el consumo de drogas y sus satélites (producción, tráfico y venta).

La guerra a las drogas lanzada por el presidente norteamericano Ronald Reagan estaba en su apogeo y para investigar esta cruzada el profesor se había propuesto leer cuanta literatura hubiera y probar cuanta droga conociera. Hasta se había conseguido un trabajo de traductor free-lance en las Naciones Unidas “para conocer a fondo las tripas de la cruzada”. Así logró acceder a la basta biblioteca de la Narcotics Division de la ONU, en Viena.

Un tiempo tras las rejas, habrán imaginado sus detractores, calmaría el espíritu rebelde de este hombre.Pero todo lo contrario. Fue durante ese tiempo a la sombra en la cárcel de Cuenca que acompañado tan solo de folletos, su memoria y una vieja PC, este filósofo hegeliano criado en España y curtido en la selva de Río de Janeiro jaqueó los basamentos de la prohibición, comenzando a redactar la obra más grande jamás escrita acerca de la historia de la relación del ser humano con las drogas. Antonio Escohotado era el hombre detrás de la bestia, y sus conclusiones sorprenderían a más de uno: “Las drogas más peligrosas del mundo se venden en las farmacias”.

Palabras envenenadas

Si bien estuvo dos años preso, a Escohotado le tomó cinco años más escribir en 1989, con rigor de científico y pluma de artista, las más de 1500 páginas divididas en 3 tomos que pasaron a constituir la Historia General de las Drogas, hoy con quince ediciones traducidas a más de siete idiomas.

En su tesis, el escritor madrileño se encargó de demostrar con vastas citas y documentos históricos que el cristianismo fue el primer inquisidor farmacrático, cuando hizo desaparecer de los clásicos libros de medicina las sustancias psicoactivas utilizadas desde antaño, para dar inicio a una feroz persecución a sus usos “demoníacos” por parte de brujas y hechiceras. Pero no fue hasta el siglo 20, dirá Escohotado, que el consumo de las mismas pasó a considerarse una enfermedad y un delito, dando origen a uno de los mayores negocios de la historia: la prohibición.

En una sociedad de consumo cada vez más medicalizada, sus afirmaciones no pasaron desapercibidas. Con la religión en plena retirada de su dominio sobre el saber farmacológico, era el Estado quien tomaba las riendas y se erigía como amo y señor de la vida de sus ciudadanos. El disciplinamiento de los sujetos pasaba imperceptiblemente hacia un control de sus cuerpos, que incluía una regulación de sus hábitos y consumos.
Fue entonces que Escohotado, en pleno auge mediático de sus descubrimientos, hizo suya una frase que se transformaría con el tiempo en el estandarte de la lucha por la descriminalización del consumo de drogas: “De la piel para adentro empieza mi exclusiva jurisdicción”.

El consumo de drogas fue, dentro de los delitos sin víctima, el que más trabajaste. ¿Por qué?

Me di cuenta de que por ese solo concepto, el de los delitos de lesa autoridad, se habían realizado prácticamente todas las persecuciones conocidas, al menos en Occidente. Y dentro de esa investigación, que era una variante del delirio al que había llegado el concepto de autoridad, surgió la idea de trabajar por primera vez en el tema drogas.

¿Cuáles fueron tus primeros escritos sobre el tema?

Mi primer artículo me lo publicó la Revista de Occidente, sin duda la publicación más prestigiosa del mundo en habla castellana. Se llama De mil amores y en su momento les pareció un texto muy interesante. En realidad era un texto sobre la LSD y las posibilidades que tenía de fortalecer la perspectiva crítica en general.

Es increíble el trabajo de fuentes que tiene tu obra, que ahora es La fuente para hablar de drogas. Me imagino que fue difícil conseguir información mientras investigabas.

Fue realmente tremendo. Y eso que tengo bastante buena memoria y estudio constantemente. Estudio documento históricos prácticamente desde muy joven. Cuando me puse a redactar la Historia general… no solo contaba con una biblioteca considerable, sino con maletas repletas de folletos, notas y fotocopias que había acumulado en varios años de investigación. Además tuve la suerte de cogerme dos contratos en Naciones Unidas y estar contiguo a la división de narcóticos y a toda la red internacional de organismos dedicados a la represión que tiene la ONU, lo que me permitió investigar por dentro las tripas de esta cruzada. Esa creo que ha sido una de las partes más sólidas del trabajo que he hecho en torno a las drogas.

¿Y cuánto influyó el tiempo tras las rejas?

Como describo en el prólogo de Historia general…, fue un tiempo que elegí tomarme a la sombra para ordenar mi trabajo (N. de R.: los Tribunales Superiores terminaron por aceptar que en su caso hubo chantaje policial, pero Escohotado reconoce que decidió aceptar la condena y cumplirla para evitar futuras secuelas por parte de la policía). Pero lo fundamental fue que me dio un ánimo enorme para seguir trabajando, cuando me di cuenta de que podía transformar la impotencia en potencia.

¿Por qué creés que te hicieron la cama con ese operativo en Ibiza?

Conocimiento es poder, y todo progreso del saber inquieta a quienes en cada sector y momento asumen un control de la influencia. El gran catálogo de drogas descubierto y por descubrir se percibe como una amenaza a la libertad humana, en vez de como lo contrario, debido a un mecanismo idéntico al que presentó la actitud científica o analítica en general como un peligro para la ortodoxia. Quienes hablan así tienen en común no tener experiencia de primera mano y temerse a sí mismos y a lo desconocido.

¿Fue parte de ese miedo a lo desconocido lo que motivó que después de la conquista, en América se instalara la prohibición de las drogas y su uso religioso y cultural, o se trata solo una estrategia más de dominación?

Fue miedo a lo desconocido, y espanto ante el descubrimiento de unas comuniones que ridiculizaban a la suya por eficacia y potencia.

Muchas veces dijiste que a la gente que se teme a sí misma y que vive “con un disfraz puesto” no le recomendarías que fume marihuana porque los desnudaría y rompería su caparazón de rutinas ¿De dónde creés que viene ese miedo?

Lo atribuyo a las limitaciones de la vida, materiales, intelectuales, sentimentales, al hecho de que somos mortales. Algo que con el tiempo se ha ido modificando. Antes se le daba más importancia a lo psicológico que a lo tangible. Yo creo que uno de los cambios de la modernidad es que lo tangible, la experiencia, recupera sus derechos. Aunque quizás se me ha ocurrido por el error de haberme fumado un porro afgano cinco minutos antes de hablar contigo. (Risas)

Bueno, eso no descalifica lo que decís, la modernidad también modificó las pautas de consumo. De hecho, conviven dos visiones, el uso místico que hacen los chamanes y los usos médicos y lúdicos de las últimas generaciones.

Es que la razón corona la lógica sensorial, a mi juicio, con un sentido sexto o común. Por ejemplo, yo no puedo trazar una frontera insalvable entre chamanismo y medicina hipocrática, porque a ambos les une la pretensión de curar. Y curar es siempre cosa seria, ajena a la jovialidad del juego. En ese sentido, el uso lúdico de drogas psicoactivas constituye una revolución equiparable a dejar de rezar pidiendo lluvia para ponerse a construir aljibes y presas.

¿Y la prohibición? ¿Hubo algún cambio entre los antiguos fundamentos y los de ahora?

Al principio se luchaba contra cuatro drogas, propias de “razas pueriles” o causantes de “estupefacción”. Hoy se lucha contra la química, en defensa del “estado de ánimo civilizado”.

¿Con qué justificación?

Con los decretos y convenios de la ONU.

Alguien gana y mucho con este modelo de prohibición.

Y sí, gana el comercio sin controles de calidad y cuantía, pierde nuestro destino de conocimiento.

Bueno, vos decís que “las drogas le dan a la condición humana más control, pero al llegar la prohibición, también llega la coartada victimista permite que la gente diga: ¡Ay!, yo no quería pero sin darme cuenta me hice esclavo de la droga y ahora soy una pobre piltrafa humana”. Si partimos de esta base, de que la adicción depende de la persona y no de la sustancia, ¿cómo explicás que ciertas sustancias como la heroína, la cocaína y sus derivados ocupen casi la totalidad de los casos de adicción a drogas ilegales? Vos incluso decís, por tu experiencia, que el cuerpo las puede dejar fácilmente.

Por el fantasma creado en torno de ellas y el contexto en el que se venden y consumen. Por ejemplo, la pasta base es mucho más barata que el clorhidrato de cocaína. Atiende a un mercado con usuarios con menos posibilidades, y como tiene peor fama atrae también a señoritos y señoritas con vocación melodramática, justificando tendencias autodestructivas.

En Argentina el tema es más complejo porque ya se comprobó que lo que se vende como pasta base o “Paco” no tiene ni rastros de pasta base de cocaína, es solo mezcla de precursores químicos y adulterantes. En otras palabras, un gran veneno que te mata en cuestión de meses.

Eso debe ser algo realmente espantoso. En España está ocurriendo lo mismo desde hace unos años con la heroína. Es metadona o cualquier otro adulterante, porque a nadie le importa, porque por lo general se consume en barrios muy aislados. Y ahí tienen los “muertos por las drogas” que ellos mismos produjeron y que luego utilizan para justificar su accionar. Es como el extremo de la profecía autocumplida prohibicionista: al fin se ha fabricado el leprosario psicofarmacológico.

¿Ves alguna forma de revertir esta situación?

Ciencia, más denuedo, más moderación podrían cambiar las cosas, pero en gran medida ya transformaron la cruzada farmacrática en una política de reducción de daños. Eso ya es un modo indirecto de reconocer el fracaso.

¿Y cómo medís ese fracaso hoy?

Hoy hay una legalización de hecho, solo interrumpida por la adulteración de sustancias, que en algunos casos como el de la heroína en nuestro país ya ni siquiera creo que esa sustancia exista. Es el signo de una cruzada farmacrática que se va yendo entre susurros, como la emprendida contra la brujería o el librepensamiento.

La sobriedad

El día de Escohota comienza pasado el mediodía y termina al día siguiente. “Soy muy hiperactivo”, confiesa. Desde hace algunos años sus tardes transcurren en casa, leyendo sentado junto al hogar a leña y su Enciclopedia Británica. Obsesivo del tiempo, suele ponerse tapones en sus oídos y exige a los demás buenas razones para interrumpir sus lecturas, las que abandona regularmente sólo para dar clases de Filosofía y Metodología de la Ciencia en la Universidad a Distancia de Madrid.

La vida intelectual es un clásico de la familia Escohotado. Román, el padre de Antonio, tuvo el primer programa de televisión que hubo en España. Se llamaba “Tardes con Román Escohotado”, y a su conductor lo apodaban “el poeta de las mujeres”. Luego lo nombrarían corresponsal de Radio Española en Brasil, lo que le permitió a Antonio viajar de joven a Río de Janeiro, donde conquistado por la sensualidad americana pasaría los siguientes catorce años de su vida. Su primera experiencia con ácido a los 22 años lo metió de lleno en el estudio del tema, y su vuelta a la España dictatorial de Franco completó la génesis de su rebeldía. Al poco tiempo se iría a hacer vida hippie a Ibiza con su mujer, la primera de las tres parejas que mantuvo hasta ahora.

Dicen quienes lo conocen que Escohotado “es puro amor”, y que su hija menor Claudia, de 8 años, es quien más goza de su afecto por estos días. Con ella y con su actual mujer comparte el hogar al que, cada tanto, caen a compartir un poco de humo viejos amigos como Fernando Savater y Andrés Calamaro. Y si nos atenemos a las circunstancias, viendo la lectura, la escritura y el consumo de drogas como un trabajo, los hobbies de Escohotado merecen una mención. Es un gran ajedrecista, y de hecho ganó varios campeonatos nacionales. También es sibarita del vino y un auténtico pornófilo, cuya colección de videos exhibe orgulloso al lado de la tele.

Escohotado nunca se cansa de afirmar que es un adicto al cigarrillo. Fuma tres atados diarios, pero con orgullo. “Soy un adicto porque quiero, porque no me parece que valga la pena mi vida sin mis cigarros”, remarca. Y describe su placer por la nicotina con la precisión de un relojero: “Cuando estás falto de energía, pegas muchas caladas y muy fuertes, e inmediatamente suben tu tono energético. Cuando necesitas tranquilidad, das caladas espaciadas y no profundas y te tranquilizan. Es la única droga que tiene doble efecto y además estimula la inteligencia”.

¿Con qué acompañás un cigarrillo?

Con un buen vino. Siempre dije que lo único importante que hizo el cristianismo fue haber canonizado el vino.

¿Cómo se completa tu dieta?

Cada dos o tres días me fumo un porro, preferentemente afgano, por la noche, aunque normalmente fumo a diario. Tres paquetes de tabaco. Pastilla para ir a dormir, para regular mi horario. Me voy a dormir a las 6 o 7 de la mañana.

Comentaste varias veces que solías inspirarte con una rayita de heroína semanal. ¿Te seguís dando esos placeres a los 68?

Ahora estoy tomando un tecito de opio todas las tardes. El caballo me gusta mucho, pero desde hace como un año está habiendo problemas entre bandas, por lo que la situación de la heroína en España es desastrosa.

¿Cómo describirías tu estado ahora?

Estoy como en un ánimo de atemporalidad, aunque muy consciente de que el tiempo avanza, pero en mi estado es más bien una contemplación atemporal. Digamos, una vida un poco de ostra.

Más allá de las drogas

Antes de hacerse mundialmente conocido por la Historia general de las drogas, Escohotado ya contaba con varias obras en su haber. De physis a polis, Realidad y substancia y Majestades, crímenes y víctimas,son sólo algunos de los ensayos que publicó luego de doctorarse en filosofía con una tesis sobre Hegel. Y después de casi dos décadas de dedicación exclusiva a la fenomenología de las drogas, decidió retomar el camino del amor a Sofía y se dedicó a la Teoría del Caos. Esta búsqueda derivó en el libro Caos y orden, en 1998. El fin de siglo lo metería de lleno en la economía y en un extenso viaje a Tailandia, adonde huyó de la culpa por haber dejado a su mujer y que inspiró su primer obra narrativa, Sesenta semanas en el trópico.

Escohotado es un liberal en todo sentido de la palabra. Luego de casi diez años, acaba de concluir la que, a su juicio, será una de sus obras “más completas”. En Los enemigos del comercio, que tranquilamente podría titularse “El por qué del comunismo”, el autor hace un repaso minucioso y una crítica voraz a quienes desde la Antigua Grecia hasta la Revolución Francesa “han sostenido que la propiedad privada constituye un robo, y el comercio es su instrumento”.

La obra excluye de su órbita el legado revolucionario del marxismo, pero no deja de aludir a esas experiencias como los obstáculos más grandes impuestos por el propio hombre al desarrollo de la sociedad. Y no se ahorra balas a la hora de presentarla en sociedad: “El comunismo es un movimiento conservador. Yo fui más rojo que la muleta de un torero y hoy defiendo la evolución de las instituciones públicas hacia la libertad”, disparó durante la presentación del libro días antes de esta entrevista, a finales de diciembre del año pasado.

¿Por qué cambiaste de opinión?

Porque esa forma de entender dividiendo, en algunas disciplinas funciona muy bien pero en otras se torna delirante. No podemos seguir distinguiendo entre nosotros y ellos, al igual que no podemos seguir hablando de izquierdas ni derechas, eso ya acabó. Es un absurdo que corresponde a la situación de la Asamblea Francesa, a algo meramente geográfico: unos estaban de un lado y otros de otro en la tribuna. Ahora, yo entiendo que las izquierdas actuales, vacías de significado, no puedan existir sin un contrario sobre el que descansar y que por eso tengan que fabricarlo. En ese sentido los EE.UU. también son de izquierda, ya que ambos necesitan fabricar un fantasma amenazante para rellenar su ideología de contenido.

¿Y qué distinguiría a liberales y conservadores?

En el último epígrafe de La Constitución de la Libertad, Heidegger se pregunta si el liberalismo es un anarquismo. Liberales y conservadores se distinguen, desde su punto de vista, porque algunos temen a lo nuevo y otros. Porque hay un elemento de misantropía inherente a la conciencia conservadora. Es un epígrafe que valdría la pena que muchas personas tuvieran en cuenta.

Pero la visión de ambos (anarquistas y liberales) sobre el capitalismo es radicalmente distinta.

Yo no lo creo así. El capitalismo debe entenderse como una forma de cooperación social, más eficaz que otras de las ensayadas. Y la diferencia entre lo que ahora llamamos capitalismo y todo lo anterior no es tal. Antes había una especie de capitalismo de Estado donde los particulares tenían muy pocas seguridades con respecto a su derecho de propiedad, porque gobernaban con leyes autoritarias y se desocupaban de la realidad cotidiana. Es la historia del mundo esclavo. Lo que ahora llamamos capitalismo es tan solo capitalismo privado, en el sentido de haberse asegurado que no le van a hacer requisas ni confiscaciones a un particular.

¿Qué tomás entonces del anarquismo?

A mí lo que me puede llegar a horrorizar es tener alguna relación con el anarquismo de Malatesta, de Bakunin o de Durruty, que me parecen una colisión de disparates sanguinarios digna de enfermos mentales. No entienden que la propiedad privada es una de las instituciones de derecho natural más arraigadas. Allí donde no hay propiedad o donde esta propiedad no se respeta, cunde la pobreza más extrema, el despotismo y otra clase de variantes del terror.

En Caos y orden explicás que el progreso es el resultado del propio despliegue de la libertad. Pero el orden sigue imperando y limitando muchos cambios. El orden actual debe tener su propio caos, ¿Cuál es?

Es la niebla del miedo y esa ambición de tener sometidos a otros.

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Entrevista publicada por la revista argentina THC.

Conversaciones /

Desmontando el populismo: Telys de Sybaris, el primer demagogo

Primera entrega de la serie «Desmontando el populismo», en la que Jesús Vega entrevista a Antonio Escohotado en un recorrido histórico que trata de desentrañar qué es el populismo y cuáles son y han sido sus principales actores.

En este primer vídeo Escohotado contexualiza al primer demagogo de la historia, Telys de Sybaris, y expone el origen del término «sibarita».

Artículo /

EL último trance

Antonio Escohotado

El Grupo de Estudios de Política Criminal, cuya alma mater fue José Luis Díez Ripollés, catedrático de derecho penal en la Universidad de Málaga, deparó a público y expertos magníficas publicaciones sobre temas tan delicados como la política vigente en materia de drogas (fue un hito la propuesta de reforma legislativa firmada por un centenar de jueces, fiscales y juristas en 1991) o alternativas a la regulación vigente en materia de eutanasia. Reconvertido en Instituto Andaluz Interuniversitario de Criminología, y con la misma alma mater, este grupo de investigadores ofreció también un trabajo no menos interesante sobre el tratamiento de enfermos terminales en nuestro país: La atención a los enfermos terminales: una investigación multidisciplinar.

Es probable que nada aterre tanto como el morir prosaico llamado fallecimiento, que al vértigo metafísico de cesar o mutar añade achaques casi siempre dolorosos, e incluso humillantes. Sin embargo, sólo los avestruces prefieren hundir la cabeza en tierra cuando presienten el peligro, y si le echamos coraje al tema nos enteraremos de muchas cosas pertinentes, tanto para nosotros mismos como para nuestros seres queridos. Es notable, pongamos por caso, que quienes menos temen la defunción sean médicos con muchos años de experiencia. Y es no menos notable que entre enfermos y familiares suyos siga reinando una “conspiración del silencio”. De alguna manera, el paciente intuye lo que le pasa, mientras la familia lo sabe a ciencia cierta. Pero apenas uno de cada cinco médicos informa sobre su situación al moribundo, casi siempre debido a la presión en contrario de quienes le acompañan.

La divisa de la Ilustración, sapere aude –“atrévete a saber”- no funciona para esos pobres vivientes que acabamos volviendo a ser, tan inermes como el recién nacido aunque vaciados de su invisible fuerza. Quienes se han recobrado de comas más o menos profundos no recuerdan sufrimiento alguno, pero hace falta un espíritu excepcional para reclamar la escueta verdad cuando uno agoniza. Menos explicable es que casi nunca decida el enfermo dónde morir, y que los intereses de la corporación médica, o los familiares, tiendan casi siempre a que sea en algún hospital. De hecho, la investigación no encontró un solo supuesto en el que fuese preguntado sobre ese particular. Otros aspectos del fallecimiento son menos sombríos.

El empleo de morfina y otros opiáceos resulta muy frecuente (82,4%), y la decisión de no reanimar en caso de fallo cardiaco o respiratorio resulta habitual (72,5%) en situaciones irreversibles. A pesar de que las leyes vigentes siguen siendo polémicas –por no decir barbáricas- en lo que respecta a drogas admisibles, y más aún en materia de ayuda al suicidio, estos males se mitigan calladamente, enchufando o desenchufando un aparato, inyectando o no un fármaco. Díez Ripollés y sus colaboradores en el Instituto Andaluz de Criminología han tenido el coraje de tocar lo intocable, abriendo la puerta a aquella estancia que ninguno de nosotros evitará si no le toca en suerte una muerte súbita.

Por fortuna, cuando nos atrevemos a contemplar ese horizonte descubrimos que también allí hay denuedo y desprendimiento. Con investigaciones de este tipo Díez Ripollés y sus colaboradores llevan el derecho a la vida cotidiana, mostrando una atención ejemplar por la verdad y su libre examen. Dentro de semejante línea no puedo por menos de recomendar otras obras publicadas por el Instituto en la misma editorial. A saber: La actual política criminal sobre drogas: una perspectiva comparadaEl tratamiento jurídico de la eutanasia y Delincuencia y víctimas.

(Este artículo fue publicado por el diario www.elmundo.es)

Conversaciones /

Conversación de Escohotado con Lacalle

Aunque no se sospechase, La Emboscadura ya estaba en acción este verano, cuando propuso grabar y publicar la reunión de Escohotado con Daniel Lacalle -único español en el top 20 de economistas influyentes a nivel mundial según el estudio elaborado en 2016 por Richtopia– en la que compartieron sus conocimientos sobre economía y sociedad.

El Español publicó en agosto una serie de artículos con vídeos de la conversación según el tema tratado, con el título «Recetas para la economía española«, y ahora ofrecemos la conversación íntegra.

«Tú tienes los datos, y yo tengo la historia de esos datos». Así recibió el filósofo al economista en lo que fue su primer encuentro en el restaurante El Pesca de Torrelodones, una de las sedes sociales predilectas del maestro.

Artículo /

Goce y exigencias de la libertad

Para dar inicio a la andadura y refrescar la siempre vigente figura del emboscado, recuperamos este artículo de Antonio Escohotado sobre La emboscadura (1951)  de Ernst Jünger.

En la mitad matemática de este siglo, cuando su país empieza a reconstruirse, Ernst Jünger (1895-1998) redacta un breve libro, Der Waldgang, que aparece en francés al año siguiente con un título sugestivo: Tratado del rebelde. Andrés Sánchez Pascual, a quien debemos la tardía versión castellana (1988), demostró una vez más su competencia llamándolo La emboscadura; en efecto, Waldgang es un compuesto de Wald (bosque) y Gang (marcha, andadura). Abrumados por la derrota y la miseria, no menos que por su responsabilidad en el Holocausto, los alemanes inauguraban una democracia muy vigilada, escindidos en hermanos irreconciliables por exigencias de la Guerra Fría. Y en ese clima –de terror, confusión, verguënza y baño propagandístico- Jünger redacta un majestuoso himno a la dignidad humana.

Desde los antípodas del ánimo patético y el victimismo, recuerda que el tema de nuestra vida sigue siendo resistir a la opresión, sean cualesquiera sus formas, y que de mantener dicha resistencia se derivan innumerables alegrías y cumplimientos. Con todo, eso será cada vez más ilusorio sin consolidar una “nueva respuesta de la libertad”. Como dicha respuesta resulta ajena a las figuras hasta entonces preponderantes en el drama histórico -el Trabajador y el Soldado Desconocido, puntas del enorme iceberg representado por “las masas”-, recae ahora sobre una figura que Jünger bautiza como el Emboscado, cuya esencia es “la persona singular soberana”.

En contraste con el humano-masa, que huye del fantasmagórico bosque para embarcarse en vapores de lujo tan seguros como el Titanic, o rinde culto a Leviatán hacinándose en bloques presididos por antenas que “semejan el cabello erizado” de terror, los emboscados ni se ocultan la catástrofe ni aceptan su fatalismo. Independientes de fachadas y agrupaciones, quieren introducir libertad en la evolución, y atienden para ello a lo fundamental. “¿Es posible librar del miedo al ser humano? Tal cosa resulta mucho más importante que proporcionarle armas o proveerle de medicamentos. El poder y la salud están en quien no siente miedo.”

Quienes se esfuerzan por confundir este temor con peligros puntuales, rodeándose de guardaespaldas, galenos y enfermeros olvidan que “ni con las armas ni con los tesoros se conjuran las amenazas”. La única defensa es el cultivo de nuestra libertad, entendida como substancia que transforma el hado en historia, eligiendo los azares de la autonomía a las seguridades de la servidumbre.

De hecho, la libre acción es el único poder que vence al miedo, si bien sólo allí donde además de resistencia al soborno o a la coacción es también “placer”, disfrute de sí misma. La emboscadura examina diversas estrategias de guerrilla para oponerse a lo intolerable -aliado primario del miedo-, llamándolo “crueldad” o violencia gratuita. Pero funda esas emboscadas en la plenitud que acompaña a la libertad como goce, ya que sin una dimensión de “patria, paz y seguridad”, esencialmente intemporal, definida unas veces como Ser y otras como Ser Humano, la propia crueldad se hace invisible, difuminada en la niebla del temor inconcreto. O, peor aún, alimenta una fascinación por la pura violencia, articulada sobre el principio de que la propiedad es un robo, suscitando renovados “repartos de la injusticia”. Básicamente, se trata de saber que “los hombres libres son poderosos, aunque constituyan únicamente una minoría pequeñísima”. Su fuerza les viene de que hay Bosque por todas partes, y muy especialmente en la retaguardia del enemigo. Sin paralizarse ante la ubicua muerte, ni convertirse en sus sicarios, a esos emboscados incumbe discernir lo cruel de lo inevitable en cada caso, las relaciones de poder pasajeras y las permanentes. El cimiento sobre el cual están instalados es ser “personas singulares concretas” en colectividades tentadas por la masificación y rendidas al miedo, donde el apoyo de una mayoría sigue pareciendo necesario para defender lo común.

No obstante, lo verdaderamente común es aquella “base de la cual irradian las individuaciones”, y la minoría de personas soberanas es en realidad quien una y otra vez “dispensa ayuda” al conjunto, recordando que no hay excusa para postergar la humanitas, el respeto al prójimo y a uno mismo. De ahí que lucha y aquiescencia no puedan disociarse. “En las esferas de la medicina, del derecho y del empleo de las armas la decisión soberana corresponde al emboscado, quien tampoco en moral actúa de acuerdo con doctrinas, y se reserva la aceptación de las leyes […] Él decide su propiedad y el modo de afirmarla”.

Estas premisas son una declaración de guerra al gregarismo y a la propaganda, por no decir que una declaración de guerra a la autoridad coactiva en general. Pero resistir viene de que los emboscados se vacunaron contra el nihilismo –al expulsar de sus pechos el resentimiento ante la necesidad de morir-, y gracias a ello topan con fuentes de vida que ofrecen “manantiales de abundancia, veneros de poder cósmico”. Fuere cual fuere su suerte particular, “son conscientes de la inatacable profundidad […] y la plenitud del mundo”. Eso funda en ellos ánimos de benevolencia, como funda el amor de los padres propia estima en los hijos. Las líneas finales del libro, que resumen el paisaje deparado por el bosque, dicen así: “Lo grisáceo, lo polvoriento, se adhieren únicamente a la superficie. Quien cava más hondo alcanza en cualquier desierto el estrato donde se halla el manantial. Y con las aguas sube a la superficie una fecundidad nueva”. Esta certeza arraiga en el sentimiento, y es la buena nueva que sigue a la más terrible de las guerras.

Medio siglo después de enunciarse, el principio de la singularidad soberana forma e informa a nuestros hijos. Coexistir en grupos que no tienen soberanos distintos de sus miembros (siquiera sea nominalmente) es la ciudadanía, el “pueblo”, como único origen de legitimidad política. Por otra parte, la soberanía lleva consigo responsabilidad, conciencia del límite objetivo, y la propaganda sugiere aplazar personalmente esa asunción, seguir delegando en profesionales del mandato la articulación de cada yo con los otros cinco pronombres del verbo. Rodeado de ruinas, en 1950, Jünger escribe: “No hay duda alguna de que existe una vía legal que en el fondo es aceptada por todos.” ¿Cómo? ¿Una vía legal sin malentendidos ya desde el principio? “Es evidente” –añade de inmediato Jünger- “que estamos alejándonos de los estados nacionales […] y dirigiéndonos hacia unos órdenes planetarios […] Hay ideas, y hay también hechos, sobre los cuales es posible construir una gran paz”.

Sin embargo, no nos engañemos nosotros: la gran paz, la que sigue al retroceso del miedo, sólo alcanza “a quien ascienda moralmente un nuevo piso en el edificio del mundo”.

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